miércoles, 14 de junio de 2017

Dos Minutos Antes

Cebado con el aura que me quedó después de ver Paterson, tenía que ir a comprar algo para llevar al trabajo y luego retirar a mi hijo del colegio. Con todavía las imágenes de la película dándome vueltas en la cabeza, y abstraído totalmente por efecto refrescante que me produjo, me sentía sumamente receptivo. Ya conduciendo y observando, luego hubo que caminar algunas cuadras, entrar a un supermercado y finalmente regresar al auto. Una vez sentado, escribí unos versos en el celular:


Me gustan los días donde
las nubes cierran filas
y los zorzales
anuncian lluvia.

Toda la acústica urbana
que de pronto parece 
lejana.
Y tenemos sopresiva 
conciencia de ser esta vez
el eco.
Y los pensamientos
que se desvanecen como tal.

Hay un zorzal sobre 
un manzano 
y otro al final de un poste de luz
sinfónicos, acompasados,
firmes.

Yo
me quedo en el auto
porque he sido demasiado meticuloso
con el tiempo
para lo que debía hacer,
tanto
que ahora me sobra 
como si acaso sobrara
alguna vez,
como si acaso
existiera 
el tiempo.

El sonido trasante 
de los automóviles
el ensimismamiento de los
transeúntes solitarios
la risa cómplice de tres amigos
un perro que ladra 
a la distancia,
eco también
pero sin saberlo.

Me gustan los días así
cuando lo imperceptible
se amplifica y recién
ha comenzado a llover
dos minutos antes
de terminar de escribir
unos versos. 

A lo Paterson

Con el ritmo de alguien que dicta un texto que va ser escrito a mano es que Paterson te mantiene absorto y atento. El tipo escribe (así su) poesía. Vive con una morocha divina y todos los días se levanta a la mañana para ir a laburar, es chofer de bondi. La película se desarrolla en el transcurso de una semana, empero suspendida en la contemplación de la cotidianidad ordinaria (y extraordinaria) de cada día. 
 
 
 He allí la escencia, en el instante, en la eternidad del instante y absorver para luego decantar en versos (escritos a mano, en un cuaderno). Toda esa atmósfera está presente durante todo el metraje y todo gira —obviamente— en torno al personaje. A quienes gusten de la poesía, les va a gustar; o diré más, creo que está dirigida hacia ellos. Pensaba yo que si la veía con mi mujer —ella no tiene relación con la poesía— tal vez se hubiese aburrido. Pero, conjeturas: aparte.

Hay una pequeña gama de personajes que tiene relación rutinaria con Paterson. Cada uno de ellos parece escapado de alguna obra de teatro para darle ¿color? a las horas nocturnas de su tiempo libre. Hayuna sencillez decididamente marcada con respecto a esto, y otra vez la cita de la cotidianidad, los temas comunes que usted y yo podríamos conversar con el tipo que nos sirve una cervecita en el bar de la esquina todas las noches, o esas amistades que no son tan frecuentes ni tan amistades. Es echar un vistazo a pequeños submundos.

 
Un tratado de la soledad acompañada.

sábado, 10 de junio de 2017

El Ispa

País.¿Qué es un país? ¿Hasta dónde llega un país? ¿Desde qué lugar (de un país) podemos referirnos con autoridad y hablar del país?. Como si ese lugar fuera todos los lugares, y en todos los lugares del país ocurriese lo mismo. Lo bueno, lo malo, lo dantesco, lo maravilloso del ser humano argentino. Viviendo a casi 2000km de la capital de mi país, donde a través de los grandes medios de comunicación se nos vende la idea de país; suelo escuchar o leer testimonios o declaraciones con una liviandad asombrosa acerca de lo llaman país. De tanto repetir la palabra, se desvaloriza profundamente, y lo lamento.

Este país está surcado por diferentes geografías muy disímiles entre sí. Tiene una verticalidad además, que hace que las corrientes atmosféricas distingan a cada zona con un clima único y particular. La lejanía de muchas de las provincias con la capital y su lógico desarrollo ha relegado de alguna manera el carácter de cada provincia. Todos estos factores (y muchos más, obviamente) manifiestan una marcada influencia en el ser y hacer de sus habitantes. Sus formas de hablar, su manera de expresarse, su cultura, etc. Si bien los argentinos tenemos una idiosincracia que nos une desde una raíz muy compleja, siempre ha habido un claro contraste —en el imaginario colectivo— entre quienes viven en la capital y los que NO viven en ella. De allí que a los que no vivan en la provincia que acoge la capital se nos llame "el interior" o "del interior"; de hecho si uno mira el mapa puede verse a la provincia de Buenos Aires como una protuberancia hacia el mar. Tal vez por eso el resto es diferente, es otra parte, como añadida. Ha habido desde siglos pasados una mirada despreciativa hacia todo lo que no fuera la capital: en aras del desarrollo histórico, la zona desde donde yo escribo estaba llena de bárbaros, a los que había que degollar para ahorrar balas, sólo por poner un ejemplo. Esa mirada ha perdurado en un nervio muy profundo, aunque ahora lo despreciado esté a algunas cuadras, donde los bárbaros se aglutinan en villas o barrios carenciados. Allí también late el corazón abstracto de un país.


A través de las frases repetidas, las historias contadas por años, de generación en generación, los contrastes trascienden y volvemos a empecinarnos en repetir las mismas frases y las mismas historias. Desde cierto desconocimiento absoluto, el argentino por lo general toca de oído, pero toca todo. Este país es una mierda— se puede escuchar, imagino, en cualquier parte del país. Las injusticias características de una sola persona en una situación muy en particular justifican de manera inobjetable que todo el país sea una mierda. Hay que ver que pueden haber situaciones que el habitante más lúcido y objetivo tiende a perder todo juicio de razón sobre lo que es posible ver en este ¿país?, eh. Pero lo que vemos y escuchamos por lo general es una idea que se construye en el imaginario colectivo a través de los medios de comunicación, sobre todo, lo que vemos en la TV. Si hay algo que nos une a los argentinos, es la TV, y nos une a la misma hora y en el mismo canal, muchas veces. Y la TV, se hace en la capital del país. Cierta argentinidad abstracta se crea y se digiere a través del eco de lo expresado en los medios: sean noticieros con miradas obsecuentes, series donde los actores (directores, guionistas, realizadores) intentan reflejar a su vez el imaginario colectivo, la idiosincracia desde una historia de ficción, documentales y, decididamente, programas de entretenimiento.

No tenemos idea de país. A mí me gustaría viajar y recorrer todo lo que pueda de mi país. Si viajar enseña, imaginate viajar y conocer las diferentes regiones y gentes y realidades de tu propio país. Ojo, que yo he viajado algunas veces a la capital y mi experiencia (pequeña) no fue muy buena. Cuando sos "del interior" estás a otro ritmo. Se vive a otro ritmo, y eso que es el mismo país. Y el del interior posiblemente guarde los mismos vicios (por no llamarle rencor) y se refiera a los de la capital con el mismo desprecio. O acaso no son todos "porteños"?. Somos brutos. Somos todos bárbaros, je. Hablamos desde un desconocimiento casi total. Una simple idea nos da la anchura intelectual para referirnos a todo con una autoridad sinigual. Es un error, creo yo. No creo que este país sea una mierda. Creo que hay gente de mierda, como en todos los países, el problema es social, es cultural, es humano. La falta de moderación y de respeto son enormes. Estamos cruzados por una crudeza voraz que a su vez nos hace vanagloriarnos de actitudes incomprensibles. Somos el eco de nosotros mismos y lo que repetimos con arrogancia y sometimiento rebotando en una latita vacía de paté en la oscuridad de los tiempos. Somos un cliché. Este país se va a la mierda.


miércoles, 7 de junio de 2017

LIFE: otro octavo pasajero

 

Voy a animarme a decir lo siguiente, sabiendo que puede resultar para algunos una exageración, o una osadía; o una estupidez: LIFE es la posibilidad de volver a sentir una tensión magnífica como no era posible desde ALIEN: EL OCTAVO PASAJERO. ¿Es una copia? ¿Acaso un homenaje? ¿Cuántas películas son hijas desconocidas de la saga ALIEN?. Una tripulación a bordo de una nave en el espacio exterior es sometida al acecho de una criatura tan letal como desconocida. Claustrofilms que a veces funcionan por mérito propio: pocos. LIFE es definitivamente uno de ellos. O el único tal vez, una excepción a la regla —¿cuál regla?— no lo se, es un decir.

De los rostros rutilantes del firmamento de Hollywood y al menos en mi caso, son reconocidos los de Ryan Reynolds y el casi infalible Jake Gyllenhaal; el resto todos desconocidos, lo cual no me parece un dato manor, ya que creo que la poca familiaridad que se tenga con el rostro o el prontuario fílmico de los actores tiene que ver con la relación que se crea con el personaje que cada uno interpreta, y con ello la impresión que el espectador tenga mientras transcurre la historia en la pantalla. Está el caballero samurai de 47 Ronin también ahora que pienso.

A propósito de la historia, el hecho de construir el drama a partir de la posibilidad de vida en Marte no es ni un hecho ni una posibilidad lejana de estos tiempos. No es lo mismo que enviar una misión para traer a Matt Damon y sus papas marcianas. Marte no es protagonista aquí. La protagonista es una criatura que produce cierto escozor al verla (más a medida que la película avanza), impecable. Y ya que nombré a The Martian, se puede incluir a LIFE en esa nueva elite de películas respetables sobre ciencia ficción, como lo son Gravity, Interestellar y Arrival, vale decir.


Desde que comienza y hasta el final, el nivel de tensión siempre está in crescendo y nunca decae. Todos los personajes están muy sobrios y eso permite extrapolar cada situación, que siempre es llevada hasta el límite y así disfrutar notablemente la tensión. Todas las escenas donde presenciamos el espacio exterior son tan verosímiles en tanto y en cuanto estemos relacionados con este tipo de películas y sepamos considerarlas. No diré nada respecto del final, ya que en los finales es donde la impresión más personal se choca con la subjetividad y lo que el director sugiere desde su impresión más personal. Estaremos de acuerdo en su elección o no, pero como sea, la hora y media que dura la película y la tensión (aunque suene demasiado reptitivo) a la que somos sometidos es una maravilla.


martes, 6 de junio de 2017

El Faro de las Orcas

En una cena con amigos, un flaco me contó una historia que conocía de un viaje por el sur. Un tipo que con una armónica se metía al mar y atraía así a unas orcas y lograba quedarse cerca de ellas. Dijo que hasta habían hecho una película con la historia del tipo, me propuse recordar buscarla. Cosa que olvidé completamente al terminar esa noche.

Pero hace un par de días la encontré. Y no recordé la historia aquella en esa cena recién hasta algunos minutos después de iniciada la película. Un coincidencia pintoresca. O un juego de la memoria y de la intuición a la hora de decidirme a ver la película, porque no me sentía muy seguro, pero "algo" me animó.


La historia transcurre en la Patagonia, en la costa atlántica en la provincia de Chubut, en la República Argentina. Un detalle que también sirvió, es agradable ver cine nacional filmado lugares que si bien no he visitado, me resultan de alguna manera familiares por su parentezco geográfico con otras zonas de la Patagonia que sí conozco. Furriel es un guardafauna un tanto problemático que vive sus días en una cabaña al pie de un faro, y es visitado por un niño autista y su madre divorciada en busca de algún remanso para la condición del niño.

Furriel caracteriza a Roberto Bubas, un biólogo marino que cuenta: 

"Estaba tomando datos para un monitoreo científico de las orcas que visitan la Península Valdés, con fines de conservación. Y me metí al agua para estar más cerca y poder dibujar la forma de sus aletas. Un día, de un grupo de cuatro orcas, una se acercó a la costa donde yo estaba y me dejó un manojo de algas ante mis pies. Interpreté que querían jugar. Les tiré las algas mar adentro, las fueron a buscar y me las volvieron a traer. Así pasamos horas jugando. Me metí en el agua y nadé con ellas. Todos los días, después, a la misma hora, me buscaban para jugar. Así empezó el vínculo."

La increíble relación con las orcas salvajes sorprendió a los científicos del todo el planeta y lo llevó a ser protagonista de un documental en Animal Planet. Las imágenes que lo mostraban acariciando las orcas y metiéndose al agua con ellas, tuvieron un efecto casi mágico en un niño autista de nueve años. El pequeño se paró frente al televisor y tocando la pantalla gritó: "¡Yo, yo!". Fueron las primeras palabras que los padres escucharon de su hijo. Emocionados decidieron llevarlo hasta "el fin del mundo" para que pudiera conocer a ese guardafauna de la Patagonia. Creó un lazo con el niño y lo ayudó, en medio de la naturaleza que tanto ama, a conectarse con el  mundo. Esa relación lo inspiró a escribir un libro: "Agustín corazón abierto".


 La película cuenta con una fotografía soberbia. La amplitud y majestuosidad de los paisajes patagónicos ayuda. Tal vez lo más flojo sean los momentos (no todos) donde las orcas cobran protagonismo y éste sea reflejado a través de la animación (animatronic), pero con la certeza de saber que es un cine que no cuenta con un presupuesto hollywoodense para este tipo de trabajo, sale airoso de la apuesta. La trama es un cuento con una estructura prolijamente respetada, con actuaciones que sostienen cada hilo dramático que termina conectando a cada uno de los personajes, todo con un ritmo que no decae.

La historia apunta al lado más sensible del espectador, huelga decirlo; por lo que si usted se siente inclinado hacia ese lado con respecto a cierto estilo de películas, yo creo que la va a disfrutar. Yo sólo conocía de la historia lo que conté al principio. Ahora, si usted gusta por descubrir más acerca del personaje detrás de la historia, imagino que como espectador, su opinión será seguro, más allá de la obvia razón personal, un tanto distinta a la de quien suscribe. en tal caso o no, le dejo algunos enlaces donde puede leer más acerca de la historia de Roberto Bubas:




 

viernes, 2 de junio de 2017

Él, Daniel Blake

Uno siente por Daniel Blake una empatía casi inmediata. Ni siquiera se lo ve en pantalla, sólo se lo escucha de fondo (con el fondo negro) responder algunas preguntas, y ya la intuición se manifiesta como una premonición. Una de las buenas.

Su empatía anida en los lugares comunes, allí donde todos quienes hemos estado a merced de la burocracia laberíntica de los sistemas de salud sabemos lo que se padece, más allá de la enfermedad misma. La personificación de los dos principales protagonistas es simple, sencilla y por ello, magnífica. Un trabajo actoral exquisito. El decorado social que se transluce a lo largo de toda la película se podría decir, es casi imperceptible; pero allí está, hay escenas que dejan echar un vistazo a cada uno de los problemas que (nos) acontecen cuando en determinadas situaciones de nuestras vidas, el Estado dice o debería decir: presente. No es necesario saber de economía política ni de la situación histórica en la economía política del país donde transcurre esta historia, en la ciudad de Londres, más precisamente.

Daniel es un personaje entrañable ya a los 15 minutos de transcurrido el film. Katie es el nervio más sensible tal vez, junto con sus dos hijos. La cotidianidad a lo largo de toda la película logra un ambiente de comodidad visual que transmite muchísimo. La historia está contada con una cadencia hermosa y la edición es genial.

Sólo tengo elogios para I, Daniel Blake, y no quiero más que decirles que si llegan a encontrarse con la oportunidad de verla, no se la pierdan.



"No soy un cliente o un usuario de servicios.
No soy un haragán, un parásito,
un mendigo, o un ladrón.
No soy un número de la Seguridad Social,
o un punto luminoso en una pantalla.
Pago mis deudas, nunca un penique menos,
y estoy orgulloso de proceder así.
No me siento inferior a nadie, sino que miro
a mi vecino a los ojos y lo ayudo si puedo.
No acepto ni busco la caridad.
Mi nombre es Daniel Blake.
Soy un hombre...
...no un perro.
Como hombre que soy,
exijo mis derechos.
Exijo que se me trate con respeto.
Yo, Daniel Blake, soy un ciudadano...
...nada más y nada menos.
Gracias."

sábado, 27 de mayo de 2017

Asesinato en Sueño

Tuve un sueño terrible. Algo pasaba en la casa de mi madre, así que me dirigía hacia allí. Me encuentro con una de mis hermanas mayores. Mi madre había asesinado a dos de sus nietos. Ella había sido quien encontró y ocultó posteriormente los cadáveres. No recuerdo bien la manera en que mis dos sobrinos habían sido asesinados, la intuición ahora despierto me dice que fue con un hacha, en un viejo galpón lleno de cosas viejas.

Entrábamos a la casa y mi madre estaba mirando la televisión y cantaba bajito mientras, tenía la mirada visiblemente extraviada, y se hamacaba de un lado al otro. Recuerdo haber sentido muchísima pena por ella. A todo esto, en una imagen siguiente veo que estoy conversando por teléfono con otra de mis hermanas, ésta estaba preocupada con respecto a los asesinatos —mientras yo me preguntaba cómo ella ya lo sabía, si todo parecía muy reciente y tenía la seguridad de ser el único de los hermanos que había sido anoticiado del terrible suceso— y que a más tardar a la noche escaparía de la ciudad en auto con su marido. En ese mismo momento veo que por la entrada de la casa está subiendo un móvil policial, con las luces encendidas. Estamos perdidos, pienso, mientras le cuento lo que veo a mi hermana.

De pronto, luego de terminar la conversación, veo que ha aparecido mi hermano en la escena. Está sentado en un sillón, en silencio, observando la televisión. Tiene un gesto sombrío, pero se lo ve tranquilo. Uno de los cadáveres pertenece a su hija, esto él no lo sabe; o digo nada y el sueño continúa.

Porque ahora están afuera, en el auto de otra de mis hermanas mayores —a quien pertenece otro de los cadáveres— mi madre y con la primera hermana que me encontré, quien los ocultó. Curiosamente estaban las tres metidas en la parte delantera del auto, yo las veo desde adentro a través del amplio ventanal del frente, discuten en una notable incomodidad, pero no veo a la policía, ha desaparecido del sueño por suerte.

También desaparece mi hermano, creo que se ha retirado con el mismo silencio con el que entró. Mi madre con esas dos hermanas huyen en el auto, y  yo me quedo solo. Pero sólo unos segundos, porque siento la llamada de mi padre, desde unas de las habitaciones. 

Mi padre ha fallecido hace poco más de dos años. Su llamado calma toda mi angustia y voy a verlo con gran emoción. Está sentado en una mesa ajeno a todo y me pide que le saque los zapatos, que le aprietan mucho. Voy por debajo de la mesa, y de pronto tengo la conciencia de ser yo dentro de un yo más pequeño, de niño. Le quito los zapatos y veo sus pies arrugados y malheridos por el paso del tiempo y la enfermedad que se lo llevó. Me dice gracias y me lo quedo observando por unos segundos. Él está ocupado viendo la televisión creo, con esa cotidianeidad que tanto se extraña.

No sucede nada más. Sólo que me despierto. Con mucha angustia. Está completamente oscuro y durante esos breves segundos en los que uno sale de un sueño y no se sabe si ha salido por completo pienso en mi madre, en mis hermanas, y en mis dos sobrinos. Me apena muchísimo todo. Y tengo una sed enorme. Hasta que caigo en la cuenta de que me tengo que levantar temprano para ir a trabajar, por lo que enciendo el celular y veo la hora: son las 03:17. E intento volver a dormirme. Cosa que logro con gran alivio.


viernes, 26 de mayo de 2017

Unantes y ¿un? después

Qué curioso que en los momentos más imprevistos uno caiga en la cuenta de su propia finitud, de su mortalidad. No se trata de oscuras introspecciones que nos empujan hacia estados depresivos, sino más bien de pequeños asomos indagatorios al abismo que somos. Son momentos de intensa lucidez, donde la condición humana se manifiesta como una fugaz visión abstracta y periférica de un todo inexplicable, como si de pronto la única pulsión de nuestra existencia no fuese más que un estado de conciencia. Así, puede ser que un simple recuerdo vívido, que se ha mantenido a fuego en la memoria nos asalta como una certeza, como la revelación de un conocimiento: la medida de nuestro propio tiempo; una suerte de conclusión. Un punto que escinde, donde la mirada cambia y adquiere un tono concertador encauzado hacia ese otro estado de tiempo imaginario que es el futuro, lo que nos queda. 

Una escisión que podemos identificar también como un punto de equilibrio. Dar cuenta de la propia finitud es un hecho que se produce por lo general —o al menos en la experiencia personalen la etapa media de la expectativa de vida de un ser humano,  intensificada con la contemplación del desarrollo del crecimiento de un hijo. O la desaparición física de una figura paterna —siguiendo con la experiencia personal—. Este equilibrio se revela en cuestiones que atañen a la percepción y a la comprensión en el uso de la razón como así también del espíritu frente a las adversidades o cotidianeidades que se nos presentan. Es necesario que la carga emocional de la rutina no nos afecte en mayor medida, por ejemplo, porque sabemos cuánto puede eso contribuir al deterioro de la salud.

A no darse manija. A disfrutar el momento. 
Con los pies en la Tierra y el corazón flotando....


jueves, 25 de mayo de 2017

Ausencitas

Como cuando te despertás una mañana cualquiera,
desorientado,
 y estirás el brazo y del otro lado de la cama 
no hay nada más 
que el rastro revuelto de la ausencia. 
Tal vez desde siempre.


O tal vez no
—sentís, aliviado— 
está en la cocina, 
preparando unos mates.

Extracto

(extracto de notas perdidas en el tiempo)
 
Lluvia de verano. Aunque no es verano. Y no se si alcanza para llamarla lluvia. Claro que aquí, al pie de las montañas el verano nunca es verano y mucho menos en estos días. Llueve de noche y el viento acaricia con sexo salvaje las chapas de zinc que aúllan grave en el silencio desestrellado.

Todo el mundo se queja y anda con un poco de mal humor, después, cuando es de día. Que se le va a hacer, yo no recuerdo tan otoñal un pleno enero, con tardecitas frescas con tanta queja y tan sin asaditos a la tarde ni matecito piola bajo la sombra de los guindos en el patio. El clima cambia año a año, la mayoría no tenemos consciencia porque el ejercicio de la memoria se remonta a unas horas o unos días atrás; pero a más a tardar el enero pasado no fue tan feo. Y el anterior a éste fue menos pior. Hubo días en que levantabas la vista y la punta de los cerros estaban blanquecinas, eso significa frío que baja y que se convierte irremediablemente en mal humor.

Y así andamos.



miércoles, 24 de mayo de 2017

Hay Alien allí?

Como siempre, no había visto más que el tráiler de la película, que fue no recuerdo hace cuantos meses atrás. Lo ví sólo una vez, por lo que casi no recordaba mucho del mismo. Algunos comentarios en algunos redes sociales que frecuento dejaban un gusto agrio después de haberla visto, mientras yo todavía debía esperar que proyectasen la película en el cine de mi ciudad, cosa que sucede con bastante posterioridad. Hay que ver que la subjetividad del arte del cine despierta las más recónditas crispaciones en algunos. Yo creo que mucho tiene que ver con las expectativas: las que genera la película como una cuestión lógicamente propagandística; y luego las que se genera uno mismo a través de esta misma logística y, por qué no, el imaginario personal exacerbado por el bagaje que a través del tiempo ha generado esta saga sobre todo. La manija.


Se puede trazar cierta escisión con respecto a Alien. Por un lado está el primer film, con lo que ello significa, es insuperable y por ello, un tesoro visual; y el segundo, un regreso con gloria. Hasta ahí Alien es una cosa, con todo lo que la cosidad significa. Las siguientes entregas van todas en una misma bolsa, productos de la franquicia ($$$). Prometheus es ya una película de otro siglo, más cercana, donde los que hemos sido admiradores de la cultura alien estamos grandes, mas quisquillosos, más hinchapelotas; y por eso ha generado tanta discordia también.

Covenant es entretenida. Mirar la película con la meticulosidad del fan acérrimo y una expectativa sobre-masturbada puede que condicione muchísimo el deleite de sentarse a mirar una (o la) película. ¿Hay que ir a esperar que nos maraville como lo hicieron las dos primeras películas?, si ya se cebaron con la tercera y la cuarta y Prometheus les jodió, no es ir con mucha carga emocional al cine?. Tranqui, loco, ese primer efecto casi narcótico que produjo la aparición de la saga no se va a volver a repetir. Acá siguen rascando la olla y vamos a ver que han rescatado, nada más.


Horas antes de ir al cine, mientras me tomaba unos mates me colgué a ver algunas "críticas" en Film Affinity. Muy variado obviamente el asunto, hasta incluso había uno que había escrito como 30 líneas y ni siquiera había visto la película, y no pensaba verla!; en fin, una muestra de lo que ha generado Alien: Covenant. Si vas a verla esperando que te vuele el coco, lo más probable es que toda esa falsa expectativa te vuelva en contra y no disfrutes un joraca. Sacate esa mochila y andá a disfrutarla. Como ha sucedido con los nuevos episodios de Star Wars, tiene todos los condimentos que debe tener, todos esos guiños que sabremos captar oportunamente y con simpatía, dependiendo de su grado de fanatismo.



Se distingue la actuación de Fassbender, de principio a fin. Y la de James Franco. , mentira. No te calentés, James.

viernes, 19 de mayo de 2017

Polvoritas

Una amasijo de bronca y de desencanto fatal. La política, el fútbol, la cotidianeidad económica, la sensación de que somos demasiados (en la ciudad), el caos inevitable y la convivencia con esa inevitabilidad. ¿Cuánto nos afecta TODO?. Cuando ese todo es difícil de explicar. Pero es TODO. Es una época donde el descontento se siente aún más, como si estuviera flotando en el aire; donde el buen humor escasea agónicamente, entonces somos un reguero de pólvora que se enciende ante la primera chispa. Un montón de pequeños y grandes accidentes a punto de ocurrir, en TODOS lados, TODO el tiempo. Nos afecta muchísimo, estamos conectados aún cuando pensemos que hemos perdido la conexión con el otro.


lunes, 27 de marzo de 2017

La Información Tuerta

El circo que se observa por (y a través) de los medios. 

Los nombres de los jueces que se van asociando (en el sentido de vincularse casi emocionalmente con las diferentes causas) con el gobierno de turno. La confusión que se genera en la sociedad sobre la figura omnipresente de la "justicia", una figura que funciona en realidad en beneficio propio, pero como una entidad regida por hombres comunes, poderosos, con intereses propios. 

La enorme dificultad que se plantea para la opinión pública (y para el Poder Judicial mismo) para disociar estas cuestiones planteadas y pensar en una idea lo más ¿humana? y objetivamente posible de justicia. 

La tendenciosa cobertura de los grandes medios de comunicación, que amparados en la credibilidad que les otorga el manejo monopólico de la información hace que las acciones de jueces que son cuestionados por sus actuaciones por otros medios no hegemónicos, luzcan como la verdadera justicia actuando. Más aún cuando la conveniencia entre jueces, gobierno y estos medios de comunicación es tripartita. 

Cometemos un gravísimo error dejándonos seducir por lo que representa ya una propaganda informativa y no un flujo de información que debería circular a través de distintas fuentes.

Detrás de la confección de un diario o de un programa periodístico hay (como en la "justicia") un grupo de personas decidiendo qué es noticia y cómo se va a presentar esa noticia ante la opinión pública; es decir: intereses.

El gran desafío de informarnos es una causa espinosa, sobre todo en esta era digital donde existen nuevas opciones para realizar un análisis propio de una realidad que padecemos todos de tantas diferentes maneras.

—Se necesita una visión cenital del mapa de la provisión de información. Se necesita una educación de los medios y una firme intuición acerca de quienes están detrás de bambalinas. De otro modo, la opinión pública no es más que una sustancia maleable, que andará a tientas en desmedro propio a merced de quienes ganen sus votos a través de un flujo sesgado de información.

—El camino es largo. Tanto como el antagonismo que nos gobierna.


domingo, 26 de marzo de 2017

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Llueve.

Torrencialmente.

 El ruido del aguacero rebotando en el techo de zinc lo cubre todo con un manto ensordecedor, no quiero subir más el volumen de la televisión, sería inútil. Además es pasada la medianoche, un momento adecuado para dejarse llevar por la monocorde música torrencial.

Es la primera lluvia importante del año y ocurre luego de unos días breves de calor intenso, seguidos por una inusual tormenta. Una semana compleja metereológicamente. Parece que el calor vuelve después de esta lluvia, pero asomado ahora a la ventana del baño puedo ver las luces de neón de la calle y la metralla de agua que cae dándome un panorama para nada alentador. Y entonces tengo la sensación del otoño/invierno, cuando el mal tiempo es incontenible y uno está a merced del clima de esta región del planeta.

Una melancolía de zozobra, de abatimiento. El frío, el viento, la lluvia y el quedarse en casa cuando no hay nada por hacer, en esas horas icómodas. Siempre me he sentido atraído por esa melancolía tan particular. 

Como una tristeza controlada. 

Que sucede cuando llueve.

Torrencialmente.


La Huella Emocional

El recuerdo de la lectura en la niñez es un recuerdo tan firme como abstracto. Le he leído a mi pequeño hijo muchas noches, pero reconozco que nunca fue un ejercicio constante, diario. A veces pasaban semanas sin que le leyera. Eran cuentos cortos al principio y luego íbamos a la librería por cuentos más largos, progresivamente. Si bien a él le gustaba mirar las páginas cuando yo iba leyendo, lo hacía que recostase su cabeza cómodo sobre la almohada y, como premisa fundamental: cerrar los ojos.

La lectura debía desarrollar su imaginación, su capacidad para contarse su propia historia a través de su mente, creando las imágenes que las palabras y el ritmo le sugerían.

Ahora bien, desdoblemos el tiempo. 

Serán esas noches, y sólo algunas, o tal vez una sola —y hasta un sólo momento— el que cuando sea él mayor y yo no más que ausencia sostenida por una selectiva memoria, que recuerde esas lecturas de manera firme y abstracta. 

Tan sólo un momento puede representar una niñez completa de noches y cuentos. 

La huella emocional clavada a fuego en el alma a través de las intrincadas formas que tiene la memoria de intentar mantenernos siempre un poquito más humanos.


lunes, 13 de febrero de 2017

El Ritual de la Banana

La "Banana", esa experiencia veraniega de subirse a un gomón inflable (con forma de banana justamente) donde te pasean por el mar a gran velocidad mientras vas montado sosteniéndote con fuerza de unas cuerdas, hasta que la lancha que te lleva gira bruscamente y salís disparado. Caés al mar. Y te hundís; llevándote para mí hacia otra realidad, hundiéndote en otra dimensión, en tu propia percepción de esa otra realidad, esa otra dimensión.


Y la mía que se manifestó de forma (algo exagerada reconozco, pero así fue) dramática: de escuchar las risas y el sonido del motor a no escuchar nada y sentir la inmensidad del mar y su voraz profundidad. La soledad absoluta por un instante en medio de una masa incomnesurable de agua, flotando sin remedio y sin consuelo, intentando que no me ganara el pánico porque en definitiva uno se sube al gomón para divertirse. Pero no. 

Y no termina allí. Después de esos segundos que parecieron eternos y logré llegar hasta la superficie, con risa fingida doy cuenta que he quedado solo también allí arriba, todo el resto del grupo había quedado ¡del otro lado! de la Banana, y la Banana que flotaba de lado. Intento en vano hacer algún tipo de fuerza para mover el gomón hacia el otro lado (intento "girarla"), pero de ese otro lado estaban haciendo la fuerza contraria y con mejor suerte que la mía defintivamente, ¡tanta!, que el gomón cae sobre mí volviéndome a hundir. 

El chaleco salvavidas me vuelve a subir, pero choco contra el gomón obviamente, que ya flota como debe y me siento perdido de nuevo; y otra vez esforzándome para que no me gane (del todo) el pánico. Giro bajo el agua, quiero ver desde dónde viene la luz del sol. La veo a mi izquierda y nado con todas mis fuerzas...... buscando la luz. Cuando salgo por fin a la superficie puedo ver las caras del resto. Había por lo menos una chica que se notaba que también la estaba pasando mal y eso me alivió. 

Mi suegra estaba entre esas personas —allá está! escucho que dice, aliviada tambień de verme. Nos costó muchísimo volver a subir, no era un asunto para nada fácil. Rato después, ella (mi suegra) me cuenta que cuando sube a la superficie no me ve, entre risas me confiesa la preocupación del momento. Luego de escucharla le digo que yo no me vuelvo a subir nunca más a esa cosa. Así será.

domingo, 12 de febrero de 2017

4 x 1

En estos últimos días (vuelto de unas vacaciones) he tenido la iniciativa de ponerme al día con una montón de películas que tengo guardadas en la PC. Con la cercanía de la entrega de los premios Oscar, aproveché para ir viendo las nominadas, en la medida en que estuvieran disponibles para su descarga, obviamente. A propósito, antes de viajar pude ir a disfrutar de Arrival al cine.

No hay nada como ir al cine, pero a veces, no puedo por una cuestión de horarios y porque me cuelgo también; para cuando se me da por ver la cartelera suele ser tarde para ciertos films. Bueno, en realidad, es tarde para mí. Porque la experiencia de ver una película en el cine no tiene absolutamente ningún tipo de comparación con la de verla en la tranquilidad del hogar. El cine tiene la capacidad de envolverte, de meterte en la película, en la medida en que uno se deje envolver, ciertamente. Yo suelo ir liberado de ataduras críticas hacia los personajes, y los actores sobre todo (salvo Ben Affleck); para poder disfrutar. Cosa que hice con Arrival, desconocía bastante, incluído su director; salvo que se trataba de extraterrestres. Y que no sea un Independence Day, para mí, ya cuenta. Digo lo del director porque suelo leer críticas que se enfocan muchísimo en él, es decir; si un tipo hizo una película genial, por ende, todas las que haga después deberían ser al menos, igual de geniales. Que se yo, como todos los que se dedican a la creatividad y a realizar algo con ella son personas que viven sus vidas, y por ende, cambian todo el tiempo su perspectiva; yo no creo que deba esperar algo preciso de alguien que lejos estoy de conocer. Me gusta mostrarme abierto a lo que tenga ganas de mostrar y no comparar eternamente su trabajo con otros. Cada película es una historia y una forma de hacer la película misma. Pareciera que la gente se ofende porque no les gustó el film de un realizador en particular, se sienten defraudados. Es raro eso. Como si quisieran volver a sentir algo que los emocionó una vez y de manera única, una y otra vez; y eso es imposible, es una de las razones por las que nace una adicción. Y una adicción es dejar de disfrutar. En fin, las críticas hacia la críticas es un laberinto sin fin. Innecesario.

Arrival me trajo el recuerdo tan fresco tanto de Interestellar como de Contacto, aquella película con Jodie Foster que amé más precisamente en el momento en que ella dice: "deberían haber enviado un poeta". Recuerdos que vinieron creo ya en el pasillo al retirarme de la sala. Tiene los aditivos inevitables: naves espaciales, criaturas alienígenas y todo el aparato militar. Pero está la sensibilidad de sus personajes contando la historia detrás de esas naves espaciales, esas criaturas alienígenas y más detrás aún del aparato militar. Quiero decir, hay una historia, y eso, ya es muchísimo en una película de "ciencia ficción". Uno de los mejores personajes es sin dudas la música, imprescindible; una belleza. El ritmo es cansino, el tiempo que debía tener, sentí, ya que hablamos de música. Otra belleza es Amy Adams. Una película que recordaré a través de los años, y que recomendaré siempre.
 



De las nominadas al Oscar he visto hasta ahora Hackasw Ridge y Manchester by the Sea.
 
 Hackasw Ridge es, como decía recién, una película de la cual el espectador debería prescindir del conocimiento de quien ha sido su realizador; claro que es lo primero que remarca este cartel (y tantos otros carteles) por ejemplo, pero bueno. Más allá del efecto obvio y propagandístico, creo que me he dado a entender cuando digo que aislarse de los aspectos condicionantes para ver una película es un golazo. Es una historia increíble, si no fuera porque es real (frase trillada si las hay). Un condicionante mío es que no soy fan de las películas bélicas, aún cuando esta es antibelicista; pero cuando uno termina de verla y procesa en breves minutos todo lo que acaba de ver, ese preciso instante en que sentimos si hemos disfrutado de la película (y cuánto en tal caso) o no; se da cuenta que es una historia bien contada; no me importa en ese momento quién la hizo ni tampoco que no me gustan las películas de este estilo, pero si me gusta, me gusta; es corta la bocha.


Es inevitable hablar de la crudeza de las imágenes de batalla, del horror pretencioso; un detalle a destacar sin dudas. Como siempre en estas historias, la primera parte de la película es un preámbulo, y si bien allí es donde ciertas veces se falla, creo que no es este el caso, aún cuando se apega a ciertos clichés para mostrarnos ese préambulo y podamos dar cuenta de muchos minutos así en otros films, sale airoso; tal vez más por la actuación del chabón. No se si gane el Oscar, pero a mi jermu, que desconoce bastante del mundo del cine y rara vez ve algún tráiler (por lo que está de alguna manera superditada a lo que yo le proponga para ver, según mis gustos) le gustó y no se durmió mientras, jeje.

Manchester by the Sea, lo único que yo sabía de esta película (además de que está nominada al Oscar) es que actuaba Casey Affleck, hermano de aquél Affleck que no me cae para nada bien verlo actuar. El caso del primero no difiere mucho del segundo, y es que lo he visto en un par de películas donde me ha parecido que su capacidad gestual es insuficiente; pero bueno, aquí íbamos de nuevo, a ver que pasaba.


 Un drama familiar intenso que se revela a su debido tiempo, si bien intuitivamente para algunos llegue más tarde que temprano o viceversa, y allí es cuando se desdobla el film y adquiere una sensibilidad diferente y dependiendo del nervio que toque, la mirada es distinta a partir de allí. El "drama" a su vez reverbera con diferentes ecos en diferentes personajes, he allí el entramado actoral donde se pone de manifiesto la muerte como eco universal. Paisajística. Los pasajes donde el paisaje a determinada hora, con su luz y su sonido ambiente se muestra solitario, nos habla de una manera de retratar a los personajes desde otro recurso. La camara pone al espectador como testigo directo a veces de la relación que se desarrolla en buena parte de la película entre los personajes de Casey Affleck y (su sobrino) Kyle Chandler, con planos donde se enfoca en uno o en otro, haciéndonos cómplices de nosotros mismos. Cruda y lenta, es imposible dejar de verla.

Otro film que tenía guardado era Snowden. Hace algunos meses ví el documental Citizen Four, donde se lo puede ver al mismo Snowden contando sus peripecias.


 La película es hermana menor del documental, van de la mano; por lo que si no han visto ninguna de las dos, recomiendo ver primero el documental; creo que es una buena sintonía ese orden. Porque se puede apreciar muchísimo el trabajo de interpretación de Joseph Gordon- Levitt, que está genial. Creo que sirven para retratar un poco los motivos que llevaron a Snowden a hacer lo que hizo, y que si por casualidad no lo saben, pues entre Citizen Four y Snowden tienen dos buenas oportunidades para interesarse.

martes, 24 de enero de 2017

Cerrar el FB

Hace un par de días dí de baja Facebook. La verdad es que nunca le tuve mucha simpatía, un poco por su estética (la total falta de ella) y otra porque me ha parecido sino siempre una plataforma para exhibir una personalidad demasiado aparente. He abierto dos cuentas de FB en mi vida, ambas han sido porque para crear una página (de fotografía en este caso) hay que crear un perfil, no queda otra. La página última en cuestión llegó a tener 350 "seguidores", y yo acepté la solicitud de amistad de 34 personas, "amigos" creo que sólo dos, tal vez tres; más mi familia, el resto: (des?)conocidos. Jamás utilicé en la vida digital mi verdadera identidad (momento para fashear superhéroe), tengo un par de seudónimos que me sirven para presentarme, pero nunca me sedujo la idea de relacionar mi nombre con mi actividad en internet. 

La poca simpatía por la aparente personalidad que se manifiesta en FB tiene que ver, obviamente!, más conmigo que con el resto; pero cuando realmente "hablas" con las personas que conoces, son muy diferentes a lo que idealizas a través de sus publicaciones. Y es que nuestras publicaciones dicen mucho de nosotros, del otro lado de la pantalla las personas tienen una opinión acerca de ello, la idea se desarrolla de manera solitaria (y me animo a decir muy crítica, también) y suele confrontar con la que ya tenemos por el hecho de relacionarnos con la persona misma (en el caso de que nos relacionemos, obviamente; hay "amigos" que viven en otra parte del país, del mundo). Yo he escuchado testimonios críticos acerca de esto y aquello, de lo que han leído, de lo que han visto. Pero allí dentro, todo es demasiado premeditado.

En Facebook se aparenta, no se es. Y es la segunda vez que me canso definitivamente(?) de verlo.  Tengo la idea de que FB es un sitio para usuarios que no usan internet, o mejor dicho, para quienes estar en internet es estar en FB; quiero decir, que no navega, ni investiga, ni se informa; sólo chismosea lo que el otro muestra para que se le chismosee abiertamente. En ese sentido todas las redes sociales tienden a manifestar lo mismo, una exaltación del yo, un cierto exhibicionismo, esto es una realidad.

A pesar de mantener abierto el muro para 34 personas en total, de las cuales el %65 eran activos, cuando las publicaciones son compartidas se ven aunque no quiera, aparecen allí. O también esa "notificación" que te cuenta qué es lo que "Le Gusta" al otro.  En fin. Que cerrarlo tiene un efecto muy bonito, que alejarse de las redes tiene un efecto muy bonito, casi revitalizador, que por eso comentaba yo todo esto.


jueves, 24 de noviembre de 2016

Mucho en Juego

Mi hijo está llegando a la primer década de su existencia, y no sólo eso: desde la noche de ayer un diente espera caérsele. Estaba en el baño, cuando de pronto me grita que le salía sangre del mismo, al cepillarse. Una vez calma la situación y cuando se disponía a acostarse, me dice y preguntándose con un leve tono de preocupación, si El Ratón Pérez pasará cuando por fin el diente se le caiga; pero que......de todas formas le escribirá una carta. Mientras lo ayudo a meterse en la cama, me cuenta que sus compañeros de colegio le han manifestado que el tal Ratón Pérez no existe, que es tu papá que te deja plata. Me dice con sus palabras y entiendo que no es tela de discusión si existe o no, sino más bien, la elección de creer en él o no. Bueno, pues él: cree. Además, existe un detalle que hace que la veracidad de la existencia de tal ratón sea fuerte: en el último diente, también escribió una carta. Y el Ratón, le respondió. Trajo a colación este detalle, con este razonamiento: no era ni mi letra ni la de Mamá, entonces, pues era del Ratón. ¿De quién más?. —Ellos no creen, Papi, me dijo. Tampoco en Papá Noel, que también son tus papás que te dejan los regalos. Lo dijo con una seguridad que me llenó de ternura, claro....los equivocados era los otros. Cuando ya lo estaba tapando con las sábanas, volvió a repetir como muchas veces en estos últimos días, el equipo de fútbol con su nombre estampado que quería para Navidad.

Me quedé pensando luego mientras me lavaba los dientes en el baño y me miraba en el espejo, qué significaba esta elección, este mantenerse firme con su propia convicción. Incluso cuando el resto te dice que no es cierto, que lo que crees no es cierto. Ustedes podrán inclinar la balanza hacia un costado religioso, pero créanme, no va por ese lado. (O yo estoy flasheando que ustedes flashean cualquiera, puede ser también). Está caminando por la cornisa de un tiempo que será un antes y un después; y la ternura que sentí (y siento) entonces se codea con la pequeña e inevitable tristeza de que los hijos, finalmente, crecen. De a un paso a la vez, pero crecen. La inocencia se mezcla con la perseverancia, y aquí hay mucho en juego: son el Ratón Pérez y Papá Noel, NO ES JODA. Y eso que no hablamos de los Reyes Magos. El año pasado también preguntó por Papá Noel, recuerdo, porque alguien ya le había dicho, pero ya en confidencia, personalmente, que el señor gordo de barba blanca y traje rojo y blanco no era precisamente quien traía los regalos. Yo le re-pregunté: ¿y vos qué pensás?, y me dijo lo mismo que la noche de ayer cuando el diente esperaba caérsele —yo creo que sí existe, Papi, Y no se habló más, le dije que lo que él creía era importante.

Después de este antes y de este después, yo no se si vendrá el desencanto al desenmascarar al viejo y querido Papá Noel, tal vez hablaremos y sembraremos en el hecho la semilla de la nostalgia, de la risa, del entendimiento. Porque todos fuimos niños, y todos creímos. Y lo recordamos de la mejor manera posible. Un tiempo único. Por otro lado, en cierta forma me apenan sus compañeros, que ya han abandonado la magia de esos regalos, la inexplicable maquinaria de la imaginación y queda tal vez lo material significativamente, o no. Que se lo hayan dicho, es un hecho del cual no tenemos control, por lo que excede cualquier  razón, o sinrazón. También son niños.¿Puedo pensar que la inocencia de mi pequeño hijo hace que de alguna forma quede "detrás" de aquellos a quienes la misma inocencia los ha abandonado?, que seguir creyendo lo haga tan niño que debamos verlo como un sosiego en su desarrollo?. Me niego profunda y rotundamente. Después la vida resulta en muchos la decrepitud de su imaginación, un incesante y constante acto de razonamiento, una búsqueda irreparable del sentido común, olvidando quizás justamente, sus propios sentidos. Después la vida es ordinaria. pero cuando se es niño es, en cambio, lo contrario: extra-ordinaria. La maravilla de sentir y creer y de regocijarse de ello sin siquiera tener la conciencia de tener que pensar que es fundamental regocijarse.

Así que este año, todavía pasará el Ratón Pérez, todavía pasará Papá Noel y todavía pasarán los Reyes Magos; todavía hay un niño dentro de un niño, y si eso todavía pasa, todo está bien.


miércoles, 2 de noviembre de 2016

Fantástica Capitán Fantástico

Había visto esta secuencia de imágenes en Tumblr:


 Y me ví seducido inmediatamente, así es como descubrí Captain Fantastic, una película protagonizada por Viggo Mortensen y un pequeño gran elenco de jóvenes actores; que interpretan a la totalidad de sus hijos, en total: 6.

Mientras la película avanzaba, tenía el placer de habérmela encontrado casi sin querer, de no haber visto mucho de que iba, de bajarla inmediatemente y de: estar viéndola. El asunto es que escribo después de haber intercambiado algunas opiniones a través de la red. Y muchas de esas opiniones estaban cargadas de una negatividad que siempre me resulta increíble, inabarcable. La denostaban y la detestaban, hasta había uno inlcuso que lo hacía sin siquiera haberla visto, sólo le había bastado escuchar una entrevista al director en un programa de radio, y por cómo éste había reaccionado frente a unas críticas, le pareció tan pelotudo que la película también debía ser una pelotudez, entonces no la vió, mientras seguía diciendo todo lo que dijo. Creo que más le molestó, como a otros, mi breve alusión a la película, reducida por el siempre engorroso límite de caracteres (aunque obliga a exprimir la capacidad de síntesis y la búsqueda de palabras y líneas precisas, a modo de cebo) que decía:

Un atentado poético al establishment social y cultural contemporáneo. ¿Hecha? para incomodar, se disfruta mucho verla, incluídos los diálogos. El elenco se luce. Si hasta festejan el día de Noam Chomsky, y Vigo sale mateando. No se la pierdan.

Claro que a muchos otros les había gustado la película y la habían disfrutado. Al final, siempre se trata de una interpretación de lo que un realizador presenta o exhibe de manera artística; nunca nadie la sabe lunga ni puede afirmar una verdad absoluta acerca de un hecho artístico sosteniéndose nada más que en su opinión personal. Pero bueno, desde allí la discusión es un poco infinita y puede suscitar  acaloradas expresiones cuando esa opinión personal que se siente absoluta es sometida a mesurado juicio.

Cuando yo decía que era un atentado poético y leía algunos comentarios me pareció que habían sido acertadas esas dos breves palabras; porque algunos escribían casi con cierta bronca, como si la película los hubiera defraudado, los hubiera.....atacado. Captain Fantastic no es todo lo pretenciosa que se cree, creo yo. Es todo indagatoria, se afirma en sus conviciones en situaciones donde esa firmeza proviene casi del instinto de supervivencia, o el protagonista se siente acorralado en sus propias convicciones, ante cuestiones álgidas como un enfermedad terminal, o la educación de los niños (y cuando leemos educación nos referimos más a la idea de un sistema educativo, que dista bastante digo yo del concepto de educación que cada padre tiene acerca de sus hijos). Es utópica, romántica; tal vez hasta naib. Cuando mencionaba lo de incomodar, me refería estrictamente a incomodar al modo de vida (que a su vez nos ha sido planteada siempre a través del cine y/o la televisión) de los norteamericanos.


Es un guiño hacia quienes tenemos en el fondo de nuestros corazones (de allí lo de poético) guardadas ideas que espinosas cada tanto florecen en alguna imposible discusión, o como comentario al pasar de algún bizarro momento. Ese guiño, esas espinas, están relacionadas con el descubrimiento y la lectura creo yo, con el afán de ir más allá de lo establecido, de indagar, preguntar; y una vez planteadas otras verdades sobre la verdad misma, desarrollar un pensamiento y un sentimiento consecuente con ese análisis final. La escena del fogón mientras todos los hijos están leyendo cada uno un libro y su padre los observa en silencio, orgulloso.

Después lo establecido, que lo era acerca de aquello que estaba más allá de lo primeramente establecido como establecido, también se desmorona, y he allí el nudo.Y luego, como siempre sucede, el desenlace.

Para verla, como a la mayoría de las películas, mientras menos prejuicio se establezca y uno se deje llevar por el devenir de la misma; se tendrá finalmente un juicio objetivo o un placer ajustado a la medida de la interpretación. Pero eso de sentirse enojado, alterado negativamente por una película, ¿de dónde sale?, je; yo creo que si hay atisbo de ello, deberíamos evitarlo. Al final no es más que una película. Que en lo personal he disfrutado. Y listo.

Rescatando al Fotógrafo Ryan

Revisando una viejísima carpeta de mensajes encontré un texto que había escrito como ayuda para una presentación de un trabajo fotográfico de hace un par de años. Siempre me había gustado escribir acerca de la mirada sobre la fotografía, sobre el hecho mismo de hacer fotografía; porque el tema es sumamente subjetivo, y a cada línea surgía una nueva manera de redescubrir la fotografía, como arte, como hobby, como lo que sea que sea la fotografía.

Había recibido la invitación por medio de uno de los organizadores del evento fotográfico en cuestión. Me había sentido no sólo sorprendido porque tomaran cierto aspecto de mi fotografía como potencial de exhibición para el público abierto, sino un poco abrumado por la situación: sentía pánico de hablar en público. Debía presentar un corto (con música) con mis fotografías para ser visto durante una presentación de un día de presentaciones audiovisuales, junto con otros fotógrafos, obviamente; y antes de la exhibición del corto debía decir "unas palabras".

Por aquella época, no atravesaba un buen momento; mucho a mi alrededor me afectaba de maneras inauditas. La muerte lenta y la impotencia que desnudaba, por ejemplo.

Escribía de a líneas lo que imaginaba iba a decir. Creo que todavía debe haber algunas hojas de un viejo borrador que siempre tenía a mano en la mesita de luz, para cuando la noche y su recóndita calma hacían que las ideas se aclararan, o se potenciaran; y yo sentía una lucidez que no tenía ni tengo en otro momento del día. Cada tanto releía lo escrito y me pensaba como un adolescente adolescido por la idea de tener que aprender (con sublime puntería) de memoria esas líneas que se iban amontonando día tras día. Como no era mi época, siempre me ganaba la desesperanza y desestimaba todas y cada una de las palabras; o me inclinaba por la idea de la lectura; o de disculparme por ser un idiota que teme al público y no presentar palabra alguna, o bajarme del evento. En fin, toda esa vorágine de ideas que la desesperanza siempre desencadena.

Finalmente, luego de pasar el texto "en limpio" incontables veces, quedó el definitivo:

Una conjunción de hechos significativos para mi vida personal hizo que la fotografía se convirtiera en la forma más auténtica y placentera para poder expresar y desarrollar mi creatividad. Comencé hace unos 3 años; y desde entonces he prescindido (más que nada por aplazos monetarios y cuestiones de calendario) de cursos y de clases. Me debo mucho, siempre se está aprendiendo en esto.

Me he declarado sí, adicto a la fotografía; y la consumo regularmente a través de la red; lo que se —y que considero muy poco—lo he aprendido viendo, mirando, observando, y leyendo. Creo que tarde o temprano, uno comprende que la fotografía, por sobre todas las cosas, es luz; y es lo que la luz hace o deshace sobre todas esas mismas cosas —aún cuando las maneras de entender esa luz, la fotografía!, sean directamente proporcionales a la cantidad de fotógrafos y amantes de la fotografía que la practiquen, ya sea como un hobbie, como una profesión, como una pasión; y todos los “sión” que se les ocurra—.

Disfruto de la fotografía en general, suelo ir al bosque, suelo subir a la montaña, guardar recuerdos y lo que se me ocurra o tenga ganas de hacer, siempre y cuando sea de la manera lo más creativa posible. Estoy convencido de que la curiosidad de ver casi todo a través del visor de la cámara, es inagotable.

He elegido —y gracias a la generosísima invitación que me ha hecho Diego (Torchia) y todo el equipo que hace posible esta maravillosa muestra, a quienes les estoy muy agradecido por ello— presentarles un lado urbano. La fotografía es un intrumento de la imaginación, nos da la posibilidad de reencontrarnos con una capacidad de fascinación que por lo general perdemos, en la medida en que lo que se pierde, es la niñez. Para mí, la ciudad está llena de formas y escenas y sensaciones que invitan a perderse en ella, y descubrirlas desde esa personal fascinación, a través de la cámara como instrumento de la mirada, de la imaginación.


Huelga decir que de todo esto, debo haber dicho un porcentaje mínimo, afirmándome sólo cuando recordaba los puntos más importantes. Que la voz me tembló como si estuviera diciendo cobardemente mis últimas palabras frente a un pelotón de fusilamiento; pero que allí me mantuve, estoico; hablándome mientras hablaba, diciéndome que deje de mover de manera tan torpe las manos, que deje de llevármelas a la boca; que deje de titubear como un idiota y hable firme y claro. Terminé mi breve alocución refiríendome a mis nervios y a que creía que quienes me habían invitado a estar parado allí hablándoles habían cometido un grave error, lo cual generó unas risas cálidas que ayudaron a salirme del tormento al que estaba siendo sometido. Luego de esto, por fin pude ir a sentarme a mi lugar y ver las caras del resto de la buena concurrencia mientras observaban mis fotos en la pantalla:


 
 
 Debíamos presentar el video en un formato único que tenía que ver con el programa que también debíamos utilizar para realizarlo, cosa extraña. No recuerdo el nombre del programa, pero lamentabemente, la versión que subí a YouTube es de una calidad bajísima comparada con la que aquellos que estuvieron allí presentes tuvieron la ¿oportunidad? de ver.

domingo, 25 de septiembre de 2016

El Kuelgue, otro cuelgue asegurado

No son muchas las bandas que escucho que cantan en inglés. Siento mucho más fuerta la necesidad de "escuchar" lo que cantan, es decir, la letra. Un cuestión de identidad tal vez. Claro que la música cuenta, no por querer escuchar cantar en criollo te vas a fumar cualquier ruido. Lo foráneo tiende a ser, en la manera en que se lo presente o venda, un producto no sólo mejor, sino único. Y la música suele entrar en ello, y casi sin darse cuenta; se pierde el interés por escuchar a las bandas que cantan en tu propio idioma. El asunto, más allá de los gustos, contra los que no hay ningún tipo de disputa, puede resultar en la "calidad" de la música. Y ahí ya estamos en un quilombo bárbaro, ¿qué carajos es la "calidad" de una banda?. Hay otros actores dentro de todo este juego, como la difusión sobre todo, ¿cómo llegan las bandas a grabar?, y si acaso lo logran, ¿cómo resulta la difusión de su música?. Hoy por hoy, las redes sociales son la posta. Youtube, el punto donde nos encontramos todos. Usted dirá Spotify, yo no porque no lo uso. U otros.

Como dije recién, más allá de la cuestión de gustos; en tanto y en cuanto uno escuche más y más bandas, el paladar musical resulta en un abanico bastante amplio. El gusto, al diversificarse, tiende a la selección. ¿La tarea más invisible, imperceptible y noble quizás?, no perder el sentido común, la objetividad a la hora de escuchar la música, oído de productor vamos teniendo. Son horribles, suelo escuchar. La tendencia a calificar de forma enérgicamente negativa lo que no nos gusta. Y de golpe te cruzás con alguien que te dice —horribles?, a mí me encantan. Otro quilombo bárbaro, ¿son horribles porque no nos gustan o son horribles porque son horribles?, ¿por qué? en tal caso. En fin, es largo el debate; como sea, el nivel y el límite de selección siempre es infinitamente propio y personal. Puede pasar que mientras más escuches, más vuelvas a los clásicos, o a quella música que como toda no pasa de moda y ha sido por partes la banda sonora de toda tu vida.


Así, siempre en la búsqueda de bandas nuevas, y si cantan en argentino, mejor. No digo español porque no soy español; y porque hay cada vez una forma de escribir y cantar que es argentina. ¿Cómo no escuchar, entonces?. Es cultural el asunto. Así, decía, encontré a El Kuelgue. Una banda ecléctica. Voy a robar un poco de la descripción que hacen en su página web, con la que coincido plenamente: logra combinar con éxito los ritmos latinos, la improvisación y la canción. Y de otra web: una asociación libre de letras que juega con los límites del humor absurdo. Cada tanto, las cotidianeidades del lenguaje y de melodías que andan dando vueltas por ahí se hacen propias, dando lugar a improvisaciones que de a poco van ganándose un puesto fijo en cada canción.


Los chabones tienen 3 discos en su haber. De los 3, que los escuché; recomiendo el último: Cariño Reptil. Es un disco que te pone de buen humor, todas las instrumentaciones son un relajo total, te hacen mover los piecitos, cabecear como si estuvieras en un video clip, querer saberte toda la letra (porque su cantante tiene una forma muy "actoral" para cantar, su dicción y su manera de encuadrar las líneas dentro de la melodía). Canciones con una sonoridad muy personal, una fusión exquisita, unas progresiones de acordes que te vuelan un poco la peluca, una banda con todas las letras. Hay dos canciones que en lo personal me hacen volar cada vez que las escucho: Ayer Real....

¿A dónde van los muñecos perdidos?
¿Dónde duerme el Duravit?
Si se esconden estos tiempo adorados
para mi, mejor dormir.
Ayer se encontraba con hoy para medir el tiempo
que tal vez se despidan, perdón y brinden hoy. 

El saxo te saca a pasear, mal. Y la viola, va, viene; otro paseo fenomenal. Una melancolía alegre, sanadora. Un temazo. Como el que le sigue en el disco: Verte Feliz, un paisaje sonoro con una atmósfera cinematográfica que es un lujo.

Es un disco para disfrutar entero, plenamente. Se los dejo: