sábado, 27 de mayo de 2017

Asesinato en Sueño

Tuve un sueño terrible. Algo pasaba en la casa de mi madre, así que me dirigía hacia allí. Me encuentro con una de mis hermanas mayores. Mi madre había asesinado a dos de sus nietos. Ella había sido quien encontró y ocultó posteriormente los cadáveres. No recuerdo bien la manera en que mis dos sobrinos habían sido asesinados, la intuición ahora despierto me dice que fue con un hacha, en un viejo galpón lleno de cosas viejas.

Entrábamos a la casa y mi madre estaba mirando la televisión y cantaba bajito mientras, tenía la mirada visiblemente extraviada, y se hamacaba de un lado al otro. Recuerdo haber sentido muchísima pena por ella. A todo esto, en una imagen siguiente veo que estoy conversando por teléfono con otra de mis hermanas, ésta estaba preocupada con respecto a los asesinatos —mientras yo me preguntaba cómo ella ya lo sabía, si todo parecía muy reciente y tenía la seguridad de ser el único de los hermanos que había sido anoticiado del terrible suceso— y que a más tardar a la noche escaparía de la ciudad en auto con su marido. En ese mismo momento veo que por la entrada de la casa está subiendo un móvil policial, con las luces encendidas. Estamos perdidos, pienso, mientras le cuento lo que veo a mi hermana.

De pronto, luego de terminar la conversación, veo que ha aparecido mi hermano en la escena. Está sentado en un sillón, en silencio, observando la televisión. Tiene un gesto sombrío, pero se lo ve tranquilo. Uno de los cadáveres pertenece a su hija, esto él no lo sabe; o digo nada y el sueño continúa.

Porque ahora están afuera, en el auto de otra de mis hermanas mayores —a quien pertenece otro de los cadáveres— mi madre y con la primera hermana que me encontré, quien los ocultó. Curiosamente estaban las tres metidas en la parte delantera del auto, yo las veo desde adentro a través del amplio ventanal del frente, discuten en una notable incomodidad, pero no veo a la policía, ha desaparecido del sueño por suerte.

También desaparece mi hermano, creo que se ha retirado con el mismo silencio con el que entró. Mi madre con esas dos hermanas huyen en el auto, y  yo me quedo solo. Pero sólo unos segundos, porque siento la llamada de mi padre, desde unas de las habitaciones. 

Mi padre ha fallecido hace poco más de dos años. Su llamado calma toda mi angustia y voy a verlo con gran emoción. Está sentado en una mesa ajeno a todo y me pide que le saque los zapatos, que le aprietan mucho. Voy por debajo de la mesa, y de pronto tengo la conciencia de ser yo dentro de un yo más pequeño, de niño. Le quito los zapatos y veo sus pies arrugados y malheridos por el paso del tiempo y la enfermedad que se lo llevó. Me dice gracias y me lo quedo observando por unos segundos. Él está ocupado viendo la televisión creo, con esa cotidianeidad que tanto se extraña.

No sucede nada más. Sólo que me despierto. Con mucha angustia. Está completamente oscuro y durante esos breves segundos en los que uno sale de un sueño y no se sabe si ha salido por completo pienso en mi madre, en mis hermanas, y en mis dos sobrinos. Me apena muchísimo todo. Y tengo una sed enorme. Hasta que caigo en la cuenta de que me tengo que levantar temprano para ir a trabajar, por lo que enciendo el celular y veo la hora: son las 03:17. E intento volver a dormirme. Cosa que logro con gran alivio.


viernes, 26 de mayo de 2017

Unantes y ¿un? después

Qué curioso que en los momentos más imprevistos uno caiga en la cuenta de su propia finitud, de su mortalidad. No se trata de oscuras introspecciones que nos empujan hacia estados depresivos, sino más bien de pequeños asomos indagatorios al abismo que somos. Son momentos de intensa lucidez, donde la condición humana se manifiesta como una fugaz visión abstracta y periférica de un todo inexplicable, como si de pronto la única pulsión de nuestra existencia no fuese más que un estado de conciencia. Así, puede ser que un simple recuerdo vívido, que se ha mantenido a fuego en la memoria nos asalta como una certeza, como la revelación de un conocimiento: la medida de nuestro propio tiempo; una suerte de conclusión. Un punto que escinde, donde la mirada cambia y adquiere un tono concertador encauzado hacia ese otro estado de tiempo imaginario que es el futuro, lo que nos queda. 

Una escisión que podemos identificar también como un punto de equilibrio. Dar cuenta de la propia finitud es un hecho que se produce por lo general —o al menos en la experiencia personalen la etapa media de la expectativa de vida de un ser humano,  intensificada con la contemplación del desarrollo del crecimiento de un hijo. O la desaparición física de una figura paterna —siguiendo con la experiencia personal—. Este equilibrio se revela en cuestiones que atañen a la percepción y a la comprensión en el uso de la razón como así también del espíritu frente a las adversidades o cotidianeidades que se nos presentan. Es necesario que la carga emocional de la rutina no nos afecte en mayor medida, por ejemplo, porque sabemos cuánto puede eso contribuir al deterioro de la salud.

A no darse manija. A disfrutar el momento. 
Con los pies en la Tierra y el corazón flotando....


jueves, 25 de mayo de 2017

Ausencitas

Como cuando te despertás una mañana cualquiera,
desorientado,
 y estirás el brazo y del otro lado de la cama 
no hay nada más 
que el rastro revuelto de la ausencia. 
Tal vez desde siempre.


O tal vez no
—sentís, aliviado— 
está en la cocina, 
preparando unos mates.

Extracto

(extracto de notas perdidas en el tiempo)
 
Lluvia de verano. Aunque no es verano. Y no se si alcanza para llamarla lluvia. Claro que aquí, al pie de las montañas el verano nunca es verano y mucho menos en estos días. Llueve de noche y el viento acaricia con sexo salvaje las chapas de zinc que aúllan grave en el silencio desestrellado.

Todo el mundo se queja y anda con un poco de mal humor, después, cuando es de día. Que se le va a hacer, yo no recuerdo tan otoñal un pleno enero, con tardecitas frescas con tanta queja y tan sin asaditos a la tarde ni matecito piola bajo la sombra de los guindos en el patio. El clima cambia año a año, la mayoría no tenemos consciencia porque el ejercicio de la memoria se remonta a unas horas o unos días atrás; pero a más a tardar el enero pasado no fue tan feo. Y el anterior a éste fue menos pior. Hubo días en que levantabas la vista y la punta de los cerros estaban blanquecinas, eso significa frío que baja y que se convierte irremediablemente en mal humor.

Y así andamos.



miércoles, 24 de mayo de 2017

Hay Alien allí?

Como siempre, no había visto más que el tráiler de la película, que fue no recuerdo hace cuantos meses atrás. Lo ví sólo una vez, por lo que casi no recordaba mucho del mismo. Algunos comentarios en algunos redes sociales que frecuento dejaban un gusto agrio después de haberla visto, mientras yo todavía debía esperar que proyectasen la película en el cine de mi ciudad, cosa que sucede con bastante posterioridad. Hay que ver que la subjetividad del arte del cine despierta las más recónditas crispaciones en algunos. Yo creo que mucho tiene que ver con las expectativas: las que genera la película como una cuestión lógicamente propagandística; y luego las que se genera uno mismo a través de esta misma logística y, por qué no, el imaginario personal exacerbado por el bagaje que a través del tiempo ha generado esta saga sobre todo. La manija.


Se puede trazar cierta escisión con respecto a Alien. Por un lado está el primer film, con lo que ello significa, es insuperable y por ello, un tesoro visual; y el segundo, un regreso con gloria. Hasta ahí Alien es una cosa, con todo lo que la cosidad significa. Las siguientes entregas van todas en una misma bolsa, productos de la franquicia ($$$). Prometheus es ya una película de otro siglo, más cercana, donde los que hemos sido admiradores de la cultura alien estamos grandes, mas quisquillosos, más hinchapelotas; y por eso ha generado tanta discordia también.

Covenant es entretenida. Mirar la película con la meticulosidad del fan acérrimo y una expectativa sobre-masturbada puede que condicione muchísimo el deleite de sentarse a mirar una (o la) película. ¿Hay que ir a esperar que nos maraville como lo hicieron las dos primeras películas?, si ya se cebaron con la tercera y la cuarta y Prometheus les jodió, no es ir con mucha carga emocional al cine?. Tranqui, loco, ese primer efecto casi narcótico que produjo la aparición de la saga no se va a volver a repetir. Acá siguen rascando la olla y vamos a ver que han rescatado, nada más.


Horas antes de ir al cine, mientras me tomaba unos mates me colgué a ver algunas "críticas" en Film Affinity. Muy variado obviamente el asunto, hasta incluso había uno que había escrito como 30 líneas y ni siquiera había visto la película, y no pensaba verla!; en fin, una muestra de lo que ha generado Alien: Covenant. Si vas a verla esperando que te vuele el coco, lo más probable es que toda esa falsa expectativa te vuelva en contra y no disfrutes un joraca. Sacate esa mochila y andá a disfrutarla. Como ha sucedido con los nuevos episodios de Star Wars, tiene todos los condimentos que debe tener, todos esos guiños que sabremos captar oportunamente y con simpatía, dependiendo de su grado de fanatismo.



Se distingue la actuación de Fassbender, de principio a fin. Y la de James Franco. , mentira. No te calentés, James.

viernes, 19 de mayo de 2017

Polvoritas

Una amasijo de bronca y de desencanto fatal. La política, el fútbol, la cotidianeidad económica, la sensación de que somos demasiados (en la ciudad), el caos inevitable y la convivencia con esa inevitabilidad. ¿Cuánto nos afecta TODO?. Cuando ese todo es difícil de explicar. Pero es TODO. Es una época donde el descontento se siente aún más, como si estuviera flotando en el aire; donde el buen humor escasea agónicamente, entonces somos un reguero de pólvora que se enciende ante la primera chispa. Un montón de pequeños y grandes accidentes a punto de ocurrir, en TODOS lados, TODO el tiempo. Nos afecta muchísimo, estamos conectados aún cuando pensemos que hemos perdido la conexión con el otro.


lunes, 27 de marzo de 2017

La Información Tuerta

El circo que se observa por (y a través) de los medios. 

Los nombres de los jueces que se van asociando (en el sentido de vincularse casi emocionalmente con las diferentes causas) con el gobierno de turno. La confusión que se genera en la sociedad sobre la figura omnipresente de la "justicia", una figura que funciona en realidad en beneficio propio, pero como una entidad regida por hombres comunes, poderosos, con intereses propios. 

La enorme dificultad que se plantea para la opinión pública (y para el Poder Judicial mismo) para disociar estas cuestiones planteadas y pensar en una idea lo más ¿humana? y objetivamente posible de justicia. 

La tendenciosa cobertura de los grandes medios de comunicación, que amparados en la credibilidad que les otorga el manejo monopólico de la información hace que las acciones de jueces que son cuestionados por sus actuaciones por otros medios no hegemónicos, luzcan como la verdadera justicia actuando. Más aún cuando la conveniencia entre jueces, gobierno y estos medios de comunicación es tripartita. 

Cometemos un gravísimo error dejándonos seducir por lo que representa ya una propaganda informativa y no un flujo de información que debería circular a través de distintas fuentes.

Detrás de la confección de un diario o de un programa periodístico hay (como en la "justicia") un grupo de personas decidiendo qué es noticia y cómo se va a presentar esa noticia ante la opinión pública; es decir: intereses.

El gran desafío de informarnos es una causa espinosa, sobre todo en esta era digital donde existen nuevas opciones para realizar un análisis propio de una realidad que padecemos todos de tantas diferentes maneras.

—Se necesita una visión cenital del mapa de la provisión de información. Se necesita una educación de los medios y una firme intuición acerca de quienes están detrás de bambalinas. De otro modo, la opinión pública no es más que una sustancia maleable, que andará a tientas en desmedro propio a merced de quienes ganen sus votos a través de un flujo sesgado de información.

—El camino es largo. Tanto como el antagonismo que nos gobierna.


domingo, 26 de marzo de 2017

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Llueve.

Torrencialmente.

 El ruido del aguacero rebotando en el techo de zinc lo cubre todo con un manto ensordecedor, no quiero subir más el volumen de la televisión, sería inútil. Además es pasada la medianoche, un momento adecuado para dejarse llevar por la monocorde música torrencial.

Es la primera lluvia importante del año y ocurre luego de unos días breves de calor intenso, seguidos por una inusual tormenta. Una semana compleja metereológicamente. Parece que el calor vuelve después de esta lluvia, pero asomado ahora a la ventana del baño puedo ver las luces de neón de la calle y la metralla de agua que cae dándome un panorama para nada alentador. Y entonces tengo la sensación del otoño/invierno, cuando el mal tiempo es incontenible y uno está a merced del clima de esta región del planeta.

Una melancolía de zozobra, de abatimiento. El frío, el viento, la lluvia y el quedarse en casa cuando no hay nada por hacer, en esas horas icómodas. Siempre me he sentido atraído por esa melancolía tan particular. 

Como una tristeza controlada. 

Que sucede cuando llueve.

Torrencialmente.


La Huella Emocional

El recuerdo de la lectura en la niñez es un recuerdo tan firme como abstracto. Le he leído a mi pequeño hijo muchas noches, pero reconozco que nunca fue un ejercicio constante, diario. A veces pasaban semanas sin que le leyera. Eran cuentos cortos al principio y luego íbamos a la librería por cuentos más largos, progresivamente. Si bien a él le gustaba mirar las páginas cuando yo iba leyendo, lo hacía que recostase su cabeza cómodo sobre la almohada y, como premisa fundamental: cerrar los ojos.

La lectura debía desarrollar su imaginación, su capacidad para contarse su propia historia a través de su mente, creando las imágenes que las palabras y el ritmo le sugerían.

Ahora bien, desdoblemos el tiempo. 

Serán esas noches, y sólo algunas, o tal vez una sola —y hasta un sólo momento— el que cuando sea él mayor y yo no más que ausencia sostenida por una selectiva memoria, que recuerde esas lecturas de manera firme y abstracta. 

Tan sólo un momento puede representar una niñez completa de noches y cuentos. 

La huella emocional clavada a fuego en el alma a través de las intrincadas formas que tiene la memoria de intentar mantenernos siempre un poquito más humanos.


lunes, 13 de febrero de 2017

El Ritual de la Banana

La "Banana", esa experiencia veraniega de subirse a un gomón inflable (con forma de banana justamente) donde te pasean por el mar a gran velocidad mientras vas montado sosteniéndote con fuerza de unas cuerdas, hasta que la lancha que te lleva gira bruscamente y salís disparado. Caés al mar. Y te hundís; llevándote para mí hacia otra realidad, hundiéndote en otra dimensión, en tu propia percepción de esa otra realidad, esa otra dimensión.


Y la mía que se manifestó de forma (algo exagerada reconozco, pero así fue) dramática: de escuchar las risas y el sonido del motor a no escuchar nada y sentir la inmensidad del mar y su voraz profundidad. La soledad absoluta por un instante en medio de una masa incomnesurable de agua, flotando sin remedio y sin consuelo, intentando que no me ganara el pánico porque en definitiva uno se sube al gomón para divertirse. Pero no. 

Y no termina allí. Después de esos segundos que parecieron eternos y logré llegar hasta la superficie, con risa fingida doy cuenta que he quedado solo también allí arriba, todo el resto del grupo había quedado ¡del otro lado! de la Banana, y la Banana que flotaba de lado. Intento en vano hacer algún tipo de fuerza para mover el gomón hacia el otro lado (intento "girarla"), pero de ese otro lado estaban haciendo la fuerza contraria y con mejor suerte que la mía defintivamente, ¡tanta!, que el gomón cae sobre mí volviéndome a hundir. 

El chaleco salvavidas me vuelve a subir, pero choco contra el gomón obviamente, que ya flota como debe y me siento perdido de nuevo; y otra vez esforzándome para que no me gane (del todo) el pánico. Giro bajo el agua, quiero ver desde dónde viene la luz del sol. La veo a mi izquierda y nado con todas mis fuerzas...... buscando la luz. Cuando salgo por fin a la superficie puedo ver las caras del resto. Había por lo menos una chica que se notaba que también la estaba pasando mal y eso me alivió. 

Mi suegra estaba entre esas personas —allá está! escucho que dice, aliviada tambień de verme. Nos costó muchísimo volver a subir, no era un asunto para nada fácil. Rato después, ella (mi suegra) me cuenta que cuando sube a la superficie no me ve, entre risas me confiesa la preocupación del momento. Luego de escucharla le digo que yo no me vuelvo a subir nunca más a esa cosa. Así será.

domingo, 12 de febrero de 2017

4 x 1

En estos últimos días (vuelto de unas vacaciones) he tenido la iniciativa de ponerme al día con una montón de películas que tengo guardadas en la PC. Con la cercanía de la entrega de los premios Oscar, aproveché para ir viendo las nominadas, en la medida en que estuvieran disponibles para su descarga, obviamente. A propósito, antes de viajar pude ir a disfrutar de Arrival al cine.

No hay nada como ir al cine, pero a veces, no puedo por una cuestión de horarios y porque me cuelgo también; para cuando se me da por ver la cartelera suele ser tarde para ciertos films. Bueno, en realidad, es tarde para mí. Porque la experiencia de ver una película en el cine no tiene absolutamente ningún tipo de comparación con la de verla en la tranquilidad del hogar. El cine tiene la capacidad de envolverte, de meterte en la película, en la medida en que uno se deje envolver, ciertamente. Yo suelo ir liberado de ataduras críticas hacia los personajes, y los actores sobre todo (salvo Ben Affleck); para poder disfrutar. Cosa que hice con Arrival, desconocía bastante, incluído su director; salvo que se trataba de extraterrestres. Y que no sea un Independence Day, para mí, ya cuenta. Digo lo del director porque suelo leer críticas que se enfocan muchísimo en él, es decir; si un tipo hizo una película genial, por ende, todas las que haga después deberían ser al menos, igual de geniales. Que se yo, como todos los que se dedican a la creatividad y a realizar algo con ella son personas que viven sus vidas, y por ende, cambian todo el tiempo su perspectiva; yo no creo que deba esperar algo preciso de alguien que lejos estoy de conocer. Me gusta mostrarme abierto a lo que tenga ganas de mostrar y no comparar eternamente su trabajo con otros. Cada película es una historia y una forma de hacer la película misma. Pareciera que la gente se ofende porque no les gustó el film de un realizador en particular, se sienten defraudados. Es raro eso. Como si quisieran volver a sentir algo que los emocionó una vez y de manera única, una y otra vez; y eso es imposible, es una de las razones por las que nace una adicción. Y una adicción es dejar de disfrutar. En fin, las críticas hacia la críticas es un laberinto sin fin. Innecesario.

Arrival me trajo el recuerdo tan fresco tanto de Interestellar como de Contacto, aquella película con Jodie Foster que amé más precisamente en el momento en que ella dice: "deberían haber enviado un poeta". Recuerdos que vinieron creo ya en el pasillo al retirarme de la sala. Tiene los aditivos inevitables: naves espaciales, criaturas alienígenas y todo el aparato militar. Pero está la sensibilidad de sus personajes contando la historia detrás de esas naves espaciales, esas criaturas alienígenas y más detrás aún del aparato militar. Quiero decir, hay una historia, y eso, ya es muchísimo en una película de "ciencia ficción". Uno de los mejores personajes es sin dudas la música, imprescindible; una belleza. El ritmo es cansino, el tiempo que debía tener, sentí, ya que hablamos de música. Otra belleza es Amy Adams. Una película que recordaré a través de los años, y que recomendaré siempre.
 



De las nominadas al Oscar he visto hasta ahora Hackasw Ridge y Manchester by the Sea.
 
 Hackasw Ridge es, como decía recién, una película de la cual el espectador debería prescindir del conocimiento de quien ha sido su realizador; claro que es lo primero que remarca este cartel (y tantos otros carteles) por ejemplo, pero bueno. Más allá del efecto obvio y propagandístico, creo que me he dado a entender cuando digo que aislarse de los aspectos condicionantes para ver una película es un golazo. Es una historia increíble, si no fuera porque es real (frase trillada si las hay). Un condicionante mío es que no soy fan de las películas bélicas, aún cuando esta es antibelicista; pero cuando uno termina de verla y procesa en breves minutos todo lo que acaba de ver, ese preciso instante en que sentimos si hemos disfrutado de la película (y cuánto en tal caso) o no; se da cuenta que es una historia bien contada; no me importa en ese momento quién la hizo ni tampoco que no me gustan las películas de este estilo, pero si me gusta, me gusta; es corta la bocha.


Es inevitable hablar de la crudeza de las imágenes de batalla, del horror pretencioso; un detalle a destacar sin dudas. Como siempre en estas historias, la primera parte de la película es un preámbulo, y si bien allí es donde ciertas veces se falla, creo que no es este el caso, aún cuando se apega a ciertos clichés para mostrarnos ese préambulo y podamos dar cuenta de muchos minutos así en otros films, sale airoso; tal vez más por la actuación del chabón. No se si gane el Oscar, pero a mi jermu, que desconoce bastante del mundo del cine y rara vez ve algún tráiler (por lo que está de alguna manera superditada a lo que yo le proponga para ver, según mis gustos) le gustó y no se durmió mientras, jeje.

Manchester by the Sea, lo único que yo sabía de esta película (además de que está nominada al Oscar) es que actuaba Casey Affleck, hermano de aquél Affleck que no me cae para nada bien verlo actuar. El caso del primero no difiere mucho del segundo, y es que lo he visto en un par de películas donde me ha parecido que su capacidad gestual es insuficiente; pero bueno, aquí íbamos de nuevo, a ver que pasaba.


 Un drama familiar intenso que se revela a su debido tiempo, si bien intuitivamente para algunos llegue más tarde que temprano o viceversa, y allí es cuando se desdobla el film y adquiere una sensibilidad diferente y dependiendo del nervio que toque, la mirada es distinta a partir de allí. El "drama" a su vez reverbera con diferentes ecos en diferentes personajes, he allí el entramado actoral donde se pone de manifiesto la muerte como eco universal. Paisajística. Los pasajes donde el paisaje a determinada hora, con su luz y su sonido ambiente se muestra solitario, nos habla de una manera de retratar a los personajes desde otro recurso. La camara pone al espectador como testigo directo a veces de la relación que se desarrolla en buena parte de la película entre los personajes de Casey Affleck y (su sobrino) Kyle Chandler, con planos donde se enfoca en uno o en otro, haciéndonos cómplices de nosotros mismos. Cruda y lenta, es imposible dejar de verla.

Otro film que tenía guardado era Snowden. Hace algunos meses ví el documental Citizen Four, donde se lo puede ver al mismo Snowden contando sus peripecias.


 La película es hermana menor del documental, van de la mano; por lo que si no han visto ninguna de las dos, recomiendo ver primero el documental; creo que es una buena sintonía ese orden. Porque se puede apreciar muchísimo el trabajo de interpretación de Joseph Gordon- Levitt, que está genial. Creo que sirven para retratar un poco los motivos que llevaron a Snowden a hacer lo que hizo, y que si por casualidad no lo saben, pues entre Citizen Four y Snowden tienen dos buenas oportunidades para interesarse.

martes, 24 de enero de 2017

Cerrar el FB

Hace un par de días dí de baja Facebook. La verdad es que nunca le tuve mucha simpatía, un poco por su estética (la total falta de ella) y otra porque me ha parecido sino siempre una plataforma para exhibir una personalidad demasiado aparente. He abierto dos cuentas de FB en mi vida, ambas han sido porque para crear una página (de fotografía en este caso) hay que crear un perfil, no queda otra. La página última en cuestión llegó a tener 350 "seguidores", y yo acepté la solicitud de amistad de 34 personas, "amigos" creo que sólo dos, tal vez tres; más mi familia, el resto: (des?)conocidos. Jamás utilicé en la vida digital mi verdadera identidad (momento para fashear superhéroe), tengo un par de seudónimos que me sirven para presentarme, pero nunca me sedujo la idea de relacionar mi nombre con mi actividad en internet. 

La poca simpatía por la aparente personalidad que se manifiesta en FB tiene que ver, obviamente!, más conmigo que con el resto; pero cuando realmente "hablas" con las personas que conoces, son muy diferentes a lo que idealizas a través de sus publicaciones. Y es que nuestras publicaciones dicen mucho de nosotros, del otro lado de la pantalla las personas tienen una opinión acerca de ello, la idea se desarrolla de manera solitaria (y me animo a decir muy crítica, también) y suele confrontar con la que ya tenemos por el hecho de relacionarnos con la persona misma (en el caso de que nos relacionemos, obviamente; hay "amigos" que viven en otra parte del país, del mundo). Yo he escuchado testimonios críticos acerca de esto y aquello, de lo que han leído, de lo que han visto. Pero allí dentro, todo es demasiado premeditado.

En Facebook se aparenta, no se es. Y es la segunda vez que me canso definitivamente(?) de verlo.  Tengo la idea de que FB es un sitio para usuarios que no usan internet, o mejor dicho, para quienes estar en internet es estar en FB; quiero decir, que no navega, ni investiga, ni se informa; sólo chismosea lo que el otro muestra para que se le chismosee abiertamente. En ese sentido todas las redes sociales tienden a manifestar lo mismo, una exaltación del yo, un cierto exhibicionismo, esto es una realidad.

A pesar de mantener abierto el muro para 34 personas en total, de las cuales el %65 eran activos, cuando las publicaciones son compartidas se ven aunque no quiera, aparecen allí. O también esa "notificación" que te cuenta qué es lo que "Le Gusta" al otro.  En fin. Que cerrarlo tiene un efecto muy bonito, que alejarse de las redes tiene un efecto muy bonito, casi revitalizador, que por eso comentaba yo todo esto.


jueves, 24 de noviembre de 2016

Mucho en Juego

Mi hijo está llegando a la primer década de su existencia, y no sólo eso: desde la noche de ayer un diente espera caérsele. Estaba en el baño, cuando de pronto me grita que le salía sangre del mismo, al cepillarse. Una vez calma la situación y cuando se disponía a acostarse, me dice y preguntándose con un leve tono de preocupación, si El Ratón Pérez pasará cuando por fin el diente se le caiga; pero que......de todas formas le escribirá una carta. Mientras lo ayudo a meterse en la cama, me cuenta que sus compañeros de colegio le han manifestado que el tal Ratón Pérez no existe, que es tu papá que te deja plata. Me dice con sus palabras y entiendo que no es tela de discusión si existe o no, sino más bien, la elección de creer en él o no. Bueno, pues él: cree. Además, existe un detalle que hace que la veracidad de la existencia de tal ratón sea fuerte: en el último diente, también escribió una carta. Y el Ratón, le respondió. Trajo a colación este detalle, con este razonamiento: no era ni mi letra ni la de Mamá, entonces, pues era del Ratón. ¿De quién más?. —Ellos no creen, Papi, me dijo. Tampoco en Papá Noel, que también son tus papás que te dejan los regalos. Lo dijo con una seguridad que me llenó de ternura, claro....los equivocados era los otros. Cuando ya lo estaba tapando con las sábanas, volvió a repetir como muchas veces en estos últimos días, el equipo de fútbol con su nombre estampado que quería para Navidad.

Me quedé pensando luego mientras me lavaba los dientes en el baño y me miraba en el espejo, qué significaba esta elección, este mantenerse firme con su propia convicción. Incluso cuando el resto te dice que no es cierto, que lo que crees no es cierto. Ustedes podrán inclinar la balanza hacia un costado religioso, pero créanme, no va por ese lado. (O yo estoy flasheando que ustedes flashean cualquiera, puede ser también). Está caminando por la cornisa de un tiempo que será un antes y un después; y la ternura que sentí (y siento) entonces se codea con la pequeña e inevitable tristeza de que los hijos, finalmente, crecen. De a un paso a la vez, pero crecen. La inocencia se mezcla con la perseverancia, y aquí hay mucho en juego: son el Ratón Pérez y Papá Noel, NO ES JODA. Y eso que no hablamos de los Reyes Magos. El año pasado también preguntó por Papá Noel, recuerdo, porque alguien ya le había dicho, pero ya en confidencia, personalmente, que el señor gordo de barba blanca y traje rojo y blanco no era precisamente quien traía los regalos. Yo le re-pregunté: ¿y vos qué pensás?, y me dijo lo mismo que la noche de ayer cuando el diente esperaba caérsele —yo creo que sí existe, Papi, Y no se habló más, le dije que lo que él creía era importante.

Después de este antes y de este después, yo no se si vendrá el desencanto al desenmascarar al viejo y querido Papá Noel, tal vez hablaremos y sembraremos en el hecho la semilla de la nostalgia, de la risa, del entendimiento. Porque todos fuimos niños, y todos creímos. Y lo recordamos de la mejor manera posible. Un tiempo único. Por otro lado, en cierta forma me apenan sus compañeros, que ya han abandonado la magia de esos regalos, la inexplicable maquinaria de la imaginación y queda tal vez lo material significativamente, o no. Que se lo hayan dicho, es un hecho del cual no tenemos control, por lo que excede cualquier  razón, o sinrazón. También son niños.¿Puedo pensar que la inocencia de mi pequeño hijo hace que de alguna forma quede "detrás" de aquellos a quienes la misma inocencia los ha abandonado?, que seguir creyendo lo haga tan niño que debamos verlo como un sosiego en su desarrollo?. Me niego profunda y rotundamente. Después la vida resulta en muchos la decrepitud de su imaginación, un incesante y constante acto de razonamiento, una búsqueda irreparable del sentido común, olvidando quizás justamente, sus propios sentidos. Después la vida es ordinaria. pero cuando se es niño es, en cambio, lo contrario: extra-ordinaria. La maravilla de sentir y creer y de regocijarse de ello sin siquiera tener la conciencia de tener que pensar que es fundamental regocijarse.

Así que este año, todavía pasará el Ratón Pérez, todavía pasará Papá Noel y todavía pasarán los Reyes Magos; todavía hay un niño dentro de un niño, y si eso todavía pasa, todo está bien.


miércoles, 2 de noviembre de 2016

Fantástica Capitán Fantástico

Había visto esta secuencia de imágenes en Tumblr:


 Y me ví seducido inmediatamente, así es como descubrí Captain Fantastic, una película protagonizada por Viggo Mortensen y un pequeño gran elenco de jóvenes actores; que interpretan a la totalidad de sus hijos, en total: 6.

Mientras la película avanzaba, tenía el placer de habérmela encontrado casi sin querer, de no haber visto mucho de que iba, de bajarla inmediatemente y de: estar viéndola. El asunto es que escribo después de haber intercambiado algunas opiniones a través de la red. Y muchas de esas opiniones estaban cargadas de una negatividad que siempre me resulta increíble, inabarcable. La denostaban y la detestaban, hasta había uno inlcuso que lo hacía sin siquiera haberla visto, sólo le había bastado escuchar una entrevista al director en un programa de radio, y por cómo éste había reaccionado frente a unas críticas, le pareció tan pelotudo que la película también debía ser una pelotudez, entonces no la vió, mientras seguía diciendo todo lo que dijo. Creo que más le molestó, como a otros, mi breve alusión a la película, reducida por el siempre engorroso límite de caracteres (aunque obliga a exprimir la capacidad de síntesis y la búsqueda de palabras y líneas precisas, a modo de cebo) que decía:

Un atentado poético al establishment social y cultural contemporáneo. ¿Hecha? para incomodar, se disfruta mucho verla, incluídos los diálogos. El elenco se luce. Si hasta festejan el día de Noam Chomsky, y Vigo sale mateando. No se la pierdan.

Claro que a muchos otros les había gustado la película y la habían disfrutado. Al final, siempre se trata de una interpretación de lo que un realizador presenta o exhibe de manera artística; nunca nadie la sabe lunga ni puede afirmar una verdad absoluta acerca de un hecho artístico sosteniéndose nada más que en su opinión personal. Pero bueno, desde allí la discusión es un poco infinita y puede suscitar  acaloradas expresiones cuando esa opinión personal que se siente absoluta es sometida a mesurado juicio.

Cuando yo decía que era un atentado poético y leía algunos comentarios me pareció que habían sido acertadas esas dos breves palabras; porque algunos escribían casi con cierta bronca, como si la película los hubiera defraudado, los hubiera.....atacado. Captain Fantastic no es todo lo pretenciosa que se cree, creo yo. Es todo indagatoria, se afirma en sus conviciones en situaciones donde esa firmeza proviene casi del instinto de supervivencia, o el protagonista se siente acorralado en sus propias convicciones, ante cuestiones álgidas como un enfermedad terminal, o la educación de los niños (y cuando leemos educación nos referimos más a la idea de un sistema educativo, que dista bastante digo yo del concepto de educación que cada padre tiene acerca de sus hijos). Es utópica, romántica; tal vez hasta naib. Cuando mencionaba lo de incomodar, me refería estrictamente a incomodar al modo de vida (que a su vez nos ha sido planteada siempre a través del cine y/o la televisión) de los norteamericanos.


Es un guiño hacia quienes tenemos en el fondo de nuestros corazones (de allí lo de poético) guardadas ideas que espinosas cada tanto florecen en alguna imposible discusión, o como comentario al pasar de algún bizarro momento. Ese guiño, esas espinas, están relacionadas con el descubrimiento y la lectura creo yo, con el afán de ir más allá de lo establecido, de indagar, preguntar; y una vez planteadas otras verdades sobre la verdad misma, desarrollar un pensamiento y un sentimiento consecuente con ese análisis final. La escena del fogón mientras todos los hijos están leyendo cada uno un libro y su padre los observa en silencio, orgulloso.

Después lo establecido, que lo era acerca de aquello que estaba más allá de lo primeramente establecido como establecido, también se desmorona, y he allí el nudo.Y luego, como siempre sucede, el desenlace.

Para verla, como a la mayoría de las películas, mientras menos prejuicio se establezca y uno se deje llevar por el devenir de la misma; se tendrá finalmente un juicio objetivo o un placer ajustado a la medida de la interpretación. Pero eso de sentirse enojado, alterado negativamente por una película, ¿de dónde sale?, je; yo creo que si hay atisbo de ello, deberíamos evitarlo. Al final no es más que una película. Que en lo personal he disfrutado. Y listo.

Rescatando al Fotógrafo Ryan

Revisando una viejísima carpeta de mensajes encontré un texto que había escrito como ayuda para una presentación de un trabajo fotográfico de hace un par de años. Siempre me había gustado escribir acerca de la mirada sobre la fotografía, sobre el hecho mismo de hacer fotografía; porque el tema es sumamente subjetivo, y a cada línea surgía una nueva manera de redescubrir la fotografía, como arte, como hobby, como lo que sea que sea la fotografía.

Había recibido la invitación por medio de uno de los organizadores del evento fotográfico en cuestión. Me había sentido no sólo sorprendido porque tomaran cierto aspecto de mi fotografía como potencial de exhibición para el público abierto, sino un poco abrumado por la situación: sentía pánico de hablar en público. Debía presentar un corto (con música) con mis fotografías para ser visto durante una presentación de un día de presentaciones audiovisuales, junto con otros fotógrafos, obviamente; y antes de la exhibición del corto debía decir "unas palabras".

Por aquella época, no atravesaba un buen momento; mucho a mi alrededor me afectaba de maneras inauditas. La muerte lenta y la impotencia que desnudaba, por ejemplo.

Escribía de a líneas lo que imaginaba iba a decir. Creo que todavía debe haber algunas hojas de un viejo borrador que siempre tenía a mano en la mesita de luz, para cuando la noche y su recóndita calma hacían que las ideas se aclararan, o se potenciaran; y yo sentía una lucidez que no tenía ni tengo en otro momento del día. Cada tanto releía lo escrito y me pensaba como un adolescente adolescido por la idea de tener que aprender (con sublime puntería) de memoria esas líneas que se iban amontonando día tras día. Como no era mi época, siempre me ganaba la desesperanza y desestimaba todas y cada una de las palabras; o me inclinaba por la idea de la lectura; o de disculparme por ser un idiota que teme al público y no presentar palabra alguna, o bajarme del evento. En fin, toda esa vorágine de ideas que la desesperanza siempre desencadena.

Finalmente, luego de pasar el texto "en limpio" incontables veces, quedó el definitivo:

Una conjunción de hechos significativos para mi vida personal hizo que la fotografía se convirtiera en la forma más auténtica y placentera para poder expresar y desarrollar mi creatividad. Comencé hace unos 3 años; y desde entonces he prescindido (más que nada por aplazos monetarios y cuestiones de calendario) de cursos y de clases. Me debo mucho, siempre se está aprendiendo en esto.

Me he declarado sí, adicto a la fotografía; y la consumo regularmente a través de la red; lo que se —y que considero muy poco—lo he aprendido viendo, mirando, observando, y leyendo. Creo que tarde o temprano, uno comprende que la fotografía, por sobre todas las cosas, es luz; y es lo que la luz hace o deshace sobre todas esas mismas cosas —aún cuando las maneras de entender esa luz, la fotografía!, sean directamente proporcionales a la cantidad de fotógrafos y amantes de la fotografía que la practiquen, ya sea como un hobbie, como una profesión, como una pasión; y todos los “sión” que se les ocurra—.

Disfruto de la fotografía en general, suelo ir al bosque, suelo subir a la montaña, guardar recuerdos y lo que se me ocurra o tenga ganas de hacer, siempre y cuando sea de la manera lo más creativa posible. Estoy convencido de que la curiosidad de ver casi todo a través del visor de la cámara, es inagotable.

He elegido —y gracias a la generosísima invitación que me ha hecho Diego (Torchia) y todo el equipo que hace posible esta maravillosa muestra, a quienes les estoy muy agradecido por ello— presentarles un lado urbano. La fotografía es un intrumento de la imaginación, nos da la posibilidad de reencontrarnos con una capacidad de fascinación que por lo general perdemos, en la medida en que lo que se pierde, es la niñez. Para mí, la ciudad está llena de formas y escenas y sensaciones que invitan a perderse en ella, y descubrirlas desde esa personal fascinación, a través de la cámara como instrumento de la mirada, de la imaginación.


Huelga decir que de todo esto, debo haber dicho un porcentaje mínimo, afirmándome sólo cuando recordaba los puntos más importantes. Que la voz me tembló como si estuviera diciendo cobardemente mis últimas palabras frente a un pelotón de fusilamiento; pero que allí me mantuve, estoico; hablándome mientras hablaba, diciéndome que deje de mover de manera tan torpe las manos, que deje de llevármelas a la boca; que deje de titubear como un idiota y hable firme y claro. Terminé mi breve alocución refiríendome a mis nervios y a que creía que quienes me habían invitado a estar parado allí hablándoles habían cometido un grave error, lo cual generó unas risas cálidas que ayudaron a salirme del tormento al que estaba siendo sometido. Luego de esto, por fin pude ir a sentarme a mi lugar y ver las caras del resto de la buena concurrencia mientras observaban mis fotos en la pantalla:


 
 
 Debíamos presentar el video en un formato único que tenía que ver con el programa que también debíamos utilizar para realizarlo, cosa extraña. No recuerdo el nombre del programa, pero lamentabemente, la versión que subí a YouTube es de una calidad bajísima comparada con la que aquellos que estuvieron allí presentes tuvieron la ¿oportunidad? de ver.

domingo, 25 de septiembre de 2016

El Kuelgue, otro cuelgue asegurado

No son muchas las bandas que escucho que cantan en inglés. Siento mucho más fuerta la necesidad de "escuchar" lo que cantan, es decir, la letra. Un cuestión de identidad tal vez. Claro que la música cuenta, no por querer escuchar cantar en criollo te vas a fumar cualquier ruido. Lo foráneo tiende a ser, en la manera en que se lo presente o venda, un producto no sólo mejor, sino único. Y la música suele entrar en ello, y casi sin darse cuenta; se pierde el interés por escuchar a las bandas que cantan en tu propio idioma. El asunto, más allá de los gustos, contra los que no hay ningún tipo de disputa, puede resultar en la "calidad" de la música. Y ahí ya estamos en un quilombo bárbaro, ¿qué carajos es la "calidad" de una banda?. Hay otros actores dentro de todo este juego, como la difusión sobre todo, ¿cómo llegan las bandas a grabar?, y si acaso lo logran, ¿cómo resulta la difusión de su música?. Hoy por hoy, las redes sociales son la posta. Youtube, el punto donde nos encontramos todos. Usted dirá Spotify, yo no porque no lo uso. U otros.

Como dije recién, más allá de la cuestión de gustos; en tanto y en cuanto uno escuche más y más bandas, el paladar musical resulta en un abanico bastante amplio. El gusto, al diversificarse, tiende a la selección. ¿La tarea más invisible, imperceptible y noble quizás?, no perder el sentido común, la objetividad a la hora de escuchar la música, oído de productor vamos teniendo. Son horribles, suelo escuchar. La tendencia a calificar de forma enérgicamente negativa lo que no nos gusta. Y de golpe te cruzás con alguien que te dice —horribles?, a mí me encantan. Otro quilombo bárbaro, ¿son horribles porque no nos gustan o son horribles porque son horribles?, ¿por qué? en tal caso. En fin, es largo el debate; como sea, el nivel y el límite de selección siempre es infinitamente propio y personal. Puede pasar que mientras más escuches, más vuelvas a los clásicos, o a quella música que como toda no pasa de moda y ha sido por partes la banda sonora de toda tu vida.


Así, siempre en la búsqueda de bandas nuevas, y si cantan en argentino, mejor. No digo español porque no soy español; y porque hay cada vez una forma de escribir y cantar que es argentina. ¿Cómo no escuchar, entonces?. Es cultural el asunto. Así, decía, encontré a El Kuelgue. Una banda ecléctica. Voy a robar un poco de la descripción que hacen en su página web, con la que coincido plenamente: logra combinar con éxito los ritmos latinos, la improvisación y la canción. Y de otra web: una asociación libre de letras que juega con los límites del humor absurdo. Cada tanto, las cotidianeidades del lenguaje y de melodías que andan dando vueltas por ahí se hacen propias, dando lugar a improvisaciones que de a poco van ganándose un puesto fijo en cada canción.


Los chabones tienen 3 discos en su haber. De los 3, que los escuché; recomiendo el último: Cariño Reptil. Es un disco que te pone de buen humor, todas las instrumentaciones son un relajo total, te hacen mover los piecitos, cabecear como si estuvieras en un video clip, querer saberte toda la letra (porque su cantante tiene una forma muy "actoral" para cantar, su dicción y su manera de encuadrar las líneas dentro de la melodía). Canciones con una sonoridad muy personal, una fusión exquisita, unas progresiones de acordes que te vuelan un poco la peluca, una banda con todas las letras. Hay dos canciones que en lo personal me hacen volar cada vez que las escucho: Ayer Real....

¿A dónde van los muñecos perdidos?
¿Dónde duerme el Duravit?
Si se esconden estos tiempo adorados
para mi, mejor dormir.
Ayer se encontraba con hoy para medir el tiempo
que tal vez se despidan, perdón y brinden hoy. 

El saxo te saca a pasear, mal. Y la viola, va, viene; otro paseo fenomenal. Una melancolía alegre, sanadora. Un temazo. Como el que le sigue en el disco: Verte Feliz, un paisaje sonoro con una atmósfera cinematográfica que es un lujo.

Es un disco para disfrutar entero, plenamente. Se los dejo:

sábado, 24 de septiembre de 2016

Una Película Pedorra

De vez en cuando, la búsqueda de una película que se salga del molde tiene sus frutos. Más aún en esta sórdida época de superhéroes. Swiss Army Man está fuera de toda lógica, de toda órbita preconcebida; es lisa y llanamente una película destacable. Cuando supe de ella, leí flatulencias y viaje surrealista en una misma oración, de las dos oraciones con la constaba la breve reseña que la auspiciaba; algo decía de un cadáver en la otra oración. Y todo ello despertó abruptamente mi curiosidad. Ni siquiera ví el tráiler. A veces es mejor no saber mucho e ir deshilvanando la trama de la película viendo la película misma, sólo basta con dejarse llevar.


Y así lo hice. Un chabón se quiere suicidar en una isla desierta, justo en ese momento ve una cadáver en la orilla. El cadáver se tira pedos. Minutos después, el chabón utiliza al cadáver como moto de agua, para escapar de la isla. Así comienza y no tenés ni la más mínima idea de hacia dónde va, o hacia dónde van. Por momentos es muy simpática, hasta tierna; incómoda ¿tal vez?, no lo se, la cuestión de los pedos (que no la es durante la hora y media) es una suerte de catalizador. Es graciosa, los dos muchachos Paul Dano y Daniel Radcliffe se llevan muy bien en la pantalla. Al primero, lo tengo visto de varias películas; y creo que todas (o casi todas) ellas son "independientes". A Radcliffe, bueno, todo sabemos quién fue. Lo bueno es eso, que dejó de serlo. Al menos para mí, el mago quedó bien atrás; y él mismo, a través de cintas como Swiss Army Man se encargó de hacerlo. Su actuación está de algún modo bajo cierta lupa a medida que la relación entre los dos avanza; el tipo está muerto, la personificación de su cadáver es muy buena y lentamente, dicho personaje va asumiendo su rol; en la medida en que Paul Dano se lo va adjudicando.


Otro hecho destacable, además de la película en sí, insisto; es la música y la luz, muy protagonista en las escenas más oníricas en medio del bosque. Canciones tristes, melancólicas, indies. Por momentos, los directores, los Daniels (Daniel Scheinert y Daniel Kwa, leí por ahí que "una vez ganaron el premio a Mejor Director, en los Premios de Videos Musicales de MTV, pero sus madres se desanimaron al ver que no anunciaban esa categoría en televisión") dejan entrever posibles desenlaces con respecto a la relación que mantienen los dos personajes, pero a la vez, nada es dado por cierto en ningún momento. ¿Estará realmente muerto?, quién sabe. A la larga, poco importa.


Hay una mujer de fondo, Mary Elizabeth Winstead, cuya escasa aparición contrasta con la incidencia en la relación de los dos protagonistas. Se dejan cabos sin atar, y no queda la sensación molesta de necesitar atarlos, uno se hace cómplice de Hank y Manny, y de los Daniels también. Se disfruta, hace bien. Sí, es pedorra, como dice el título; pero sabrán entender la ironía del caso. Será un desafío a su sentido del humor. Tal vez el final sea la parte más realista de la película, pero siempre hay un pero.

Antes de escribir esta entrada, encontré un par de links con respecto a la película, que sirven a modo de epílogo, en uno de ellos, declaraciones de Daniel Radcliffe: "Es excitante usar pedos como algo diferente a la comedia, como usarlos para la trama o para provocar emociones y que la gente esté superincómoda... creo que hay algo maravilloso en todo ello". Y uno de sus directores, que se refiere a ciertas críticas de este modo: ha asegurado que titulares como "La película del cadáver flatulento de Daniel Radcliffe provoca abandonos" es redondo: "no podría haber escrito nada mejor", bromeando. Si se cree que es una película que gira en torno a ello, están muy equivocados...pero si a los críticos les molestó, es porque algo bueno debe tener, suelo pensar.

Por último, una página donde se puede jugar un poco con Manny, el cadáver de Daniel Radcliffe.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Que la curiosidad mate al gato

Hay momentos en los que creo que he pasado demasiado tiempo en la internet, navegando, curioseando, boludeando sobre todo. Hay publicaciones que me encuentro en Facebook por ejemplo, que yo ya he visto hace por lo menos, unos dos años atrás, y tal vez más. Y no hablo desde ningún tipo de soberbia, muy por el contrario, me da cierta pena que habiendo tanto por ver e investigar, ciertas publicaciones comiencen a repetirse como un producto de merchandising. Fotografías, diseños, ideas, todo se presenta como una nueva novedad, porque el público en internet siempre se renueva; y los magazines on-line necesitan tener a sus suscriptores siempre atentos y curiosos. También desde hace un par de años he notado que le gente (todo a través de la internet) ha dejado de navegar; todo ha quedado reducido a su red social favorita. ¿Se los puede culpar de algo acaso?.


¿Y quiénes son aquellos que aportan novedad a la red?. Y aquellos que están pendientes de la novedad para poder compartirla?. ¿Sobrevive el espíritu de lo nuevo?. Yo recuerdo cuando comencé a utilizar la internet, justo a principios de este siglo, mucho más allá de la obviedad de parecerme todo novedoso, el "espíritu" era diferente. Ta vez por la misma obviedad que acabo de citar, te encontrabas con muchísima información interesante, y de alguna extraña y tácita forma, te veías en la necesidad de retribuir todo eso que te pareció interesante, investigando y compartiendo lo que sea que hubieras encontrado. El espíritu era compartir. El espíritu era aportar; al conocimiento colectivo, por y hacia el interés colectivo, y para ello había que investigar, navegar. Nada más saludable que una fuente citada como enlace al final de una publicación, eso era un "salto" hacia otro lado. Había un flujo enorme de publicaciones relacionadas con el cine, la literatura, la ciencia, la fotografía, etcétera, etcétera. En algún lugar, esto sobrevive, quiero creer. Tal vez ya no de la misma manera, sino como un eco de otra época que ya no volverá nunca a ser la misma.

Creo que sabemos increíblemente poco acerca de la internet. Y muchísimo menos si nuestra conexión se limita a scrollear Facebook. O tal vez la relación con la internet se limite a FB por parte de millones de usuarios que en realidad no tienen relación con la internet. Facebook=Internet. (Digo Facebook porque es la red social por excelencia que puede utilizar hasta tu tía, es la que más alcance tiene. Porque te puedes pasar horas scrolleando Tumblr también). A veces alguien te pegunta de dónde sacaste algo que has dicho y que les ha parecido curioso o interesante. Lo leí en internet. Tendrá la credibilidad que se merece?. Al menos, mucha más que la televisión, imagino. Hay tipos como yo escribiendo sin ningún tipo de retribución, salvo la lectura. ¿Y si tener toda vinculado afecta al espíritu de la exploración?. Tienes una cuenta, y tienes: videos, correo, noticias, redes sociales; todo junto a través de tu dispositivo electrónico preferido. Un password y entras a tu pequeño mundo digital, y desde allí no sales. Las grandes empresas se benefician con el hecho de que tengas toda tu información vinculada, esto es obvio, porque es su negocio.

Hay tanto por descubrir, y descubrir trae tantos beneficios!. El saber, es como un néctar. No te encierres. Que la curiosidad mate al gato, total; en internet sobran.

jueves, 22 de septiembre de 2016

El Mar de los Árboles

Viste cómo es, cada tanto todo te aburre, o se vuelve rutinario, y hay que dejar de lado un poquito aquello lo que en ello se convierte. Más cuando de estar conectado se trata. Pero hace un par de noches, decidimos con mi jermu ver una peli. De todos modos, siempre tengo alguna que otra descargada que de tanto en tanto vemos; en este caso: Sea of Trees. Fue esta película la que me llevó a esta necesidad de cargarme unas cuántas líneas en el blog.


Había visto sólo el póster, y leído algo acerca del Bosque de los Suicidios, pero sólo a modo de título, no indagué; precisamente para saber lo menos posible de la trama, para no condicionar mi propia mirada del asunto. Estaba Maziu Macónegui, o sea: Matthew McConaughey, un tipo al que terminé respetando como actor, después de ver Interestellar

Al otro día de verla, decidí indagar (como muchas veces hago) un poco acerca de las críticas que había recibido el film. La asesinaban, con crueldad. Abucheos, largas reseñas con profunda indignación, debido a la e-norme pérdida de tiempo que les resultó ver la película. Y debo reconocer que en cierto modo, los comprendo. Es decir, la "crítica" en sí, como un ente, como un monstruo invisible de mil cabezas es implacable con aquello que detesta (y avara con lo que lo complace). También en mi círculo de redes sociales, cuando compartí unos pocos caracteres al respecto de la película, recibí comentarios bastante indignados. No se si con la crítica sucede como el paladar con respecto al vino, por ejemplo; donde al final, luego de haber degustado durante un tiempo (años, quizás) varios tipos de (marcas y) varietales, el gusto, justamente, se va decidiendo por uno o por otro. Pero, no deja de ser eso, una cuestión de gustos. El asunto con la crítica es que, la crítica misma, da un cierto prestigio que realmente, a mí me parece no sólo injusto, sino que también, innecesario. Supongo que es un engranaje más de la industria del cine. Para entender la crítica, creo que bastan los últimos minutos de Ratatouille, donde se lo explica de una manera exquisita. Y hasta aquí con esto de la crítica.

Entonces, las expectativas no eran ni altas ni bajas; tan sólo el hecho de relacionarse el guión con el costado oriental de El Bosque de los Suicidios, ya que éste se encuentra al pie del Monte Fuji, en Japón. Por cierto, a este bosque se le conoce como Aokigahara (青木ヶ原), que traducido sería Mar de Árboles (Sea of Trees). Entonces, Maziu Macónegui llega a este bosque, obviamente, a suicidarse. De allí en más, la película utiliza los flashbacks para ir contando la historia, su desgracia, las razones que lo llevan a tomar estas decisión; a medida que la acción transcurre dentro del bosque. Durante un buen tiempo al comienzo, hay una tensión interesante. Se va desenvolviendo poco a poco la trama, con cierta sorpresa y una música que tensa justamente cada momento. Descubro que comparte su actuación con Ken Watanabe, un actor que inspira muchísimo más respeto que Macónegui. Watanabe interpreta a Takumi Nakamura, una persona con la cual se encuentra e "impide" de alguna forma que éste se termine matando.

 

 Desde allí, sus historias se entrelazan, hasta el final. También aparece en escena la esposa de Macónegui, interpretada por la siempre hermosa Naomi Watts. Vemos muchas escenas que retratan la relación matrimonial, que son los eslabones que unen a su vez toda la cadena de sucesos antes, durante y después de todo el film. Cuando estaba por empezar, le dije a mi jermu (que tenía en su poder el control remoto) bajale un poquito el volumen, por favor, que esta es una película con un guión, y actores actuando, nada de explosiones. A la media hora recordaba yo estas palabras, pensando en ella y mirándola de reojo, porque se que cuando hay mucho diálogo, suele ganarle el sueño. Y porque también, cuando leía las críticas; hablaban del sopor que les había generado justamente esto mismo. Y la verdad es que, sinceramente, a mí fue lo que más me gustó; cómo se desarrollaba el diálogo; entre Macónegui y Watanabe, y cada tanto, el primero con su esposa.


El trasfondo, es lo que determina tu relación con la película. Porque la película habla también de la muerte. Y cómo nos relacionamos con ella. Tal vez a mí me enganchó porque llevo conmigo una muerte no muy reciente, pero siempre presente el vacío que ha dejado. Tal vez sea más vulnerable a este tipo de películas, que llevan más a la instropección y no tanto al "entretenimiento", y en tal caso, agradecido estoy. Es un cine de autor. Y por ello creo que ha recogido tantas cíticas, es simple, sencilla; es una historia contada. Podremos discutir los detalles que banalizan su desenlace, y esgrimirnos como críticos estrella, o desnudar un gusto excéntrico y exquisito por un cine del cual Sea of Trees no es merecedor por nada de este mundo.....andá a saber. La cosa es que a la media hora, si sos de lo que conjetura absolutamente todo con la minuciosidad de un detective; puede que tus teorías eviten que disfrutes del ritmo que el director y el editor han propuesto para ver la pelicula; y de las relaciones que se presentan para interpretar.

Para mí, el cine siempre es personal, y en definitiva, una cuestión de gustos. La película no tiene "acción", tiene diálogo, actuación. Los tres están, a mi gusto, muy bien, a la altura de la propuesta. Si se tiene la vara muy alta con respecto a la crítica, es probable que como dije recién, no te permita disfrutar de las cosas sencillas, como esta historia de Gus Van Sant. Y si te da sueño, bueno; fijte que películas con gente adulta disfrazada de súperhéroe, hay un montón.

miércoles, 13 de enero de 2016

Foals, cuelgue asegurado.

FOALS es hoy por hoy mi banda de cabecera, para todos los estados. Los descubrí hace bastante, en esas búsquedas interminables en Youtube, que vas de una banda a otra, escuchando de todo. Creo que son británicos, pero ¿a quién le importa?, la música no tiene fronteras. Tienen un sonido muy particular. Al principio, suenan como muchas bandas (todas las bandas suenan así al principio); pero a medida que les fui prestando atención —sobre todo en la calle, con los auriculares puestos, con el volumen al taco— los arreglos de las dos violas son un vuelo en sí. 

El cantante se las ingenia para arpegiar y tocar fraseos más bien cortos; para aportarle brillo y complemento a la otra viola y a su propia voz también. Su voz......tiene un timbre altísimo, sucio; que modula en los temas tranquis, pero todo pareciera siempre muy natural. A veces canta con bronca, a veces enojado, a veces con muchísima melancolía. Las teclas son las que te tiran el colchón perfecto para que la vueles tranquilo; no se distinguen, aportan a cada canción. La banda suena como una banda, sólo hay que dejarse llevar. Todo regado con efectos de chorus y delay y otros que en particular escapan a mi inteligencia técnico-musical. Suelen apagar las cuerdas cuando arpegian o frasean también, algo que me pareció genial, sabiendo que la mayoria de las bandas hoy por hoy: todo al palo, que brille, que explote. No hay grandes o largas procesiones de acordes, de hecho hay mucha repetición, es decir: mucho cuelgue. Ni explosivas distorsiones, ni el solo característico. Se salen un poco del molde, y eso siempre me ha parecido bueno. Hacen canciones, si te fijás; el violero rasguea como si estuviera tocando emocionado en un fogón, después de un faso y un par de vinitos calientes. Hacía mucho que no me pegaba tan bien una banda....., qué linda que es la música cuando no te colgás a escuchar siempre la misma música de siempre.


lunes, 28 de diciembre de 2015

El Año que Vivimos Desmemoriadamente

Cuánta abarca la memoria en retrospectiva?. Quiero decir, llega el fin de un año y uno ve los recopilatorios de momentos en la televisión, por ejemplo; y me pregunto: y si.........hicieras uno así en tu memoria?. No debe funcionar para todos igual. Alguno serán más memoriosos que otros, seguramente: no es mi caso, me cuesta mucho recordar momentos que debiera recordar en restrospectiva a modo de recopilación anual. Hay veces en que ciertos recuerdos son como los recuerdos de un sueño a la hora de despertar, todo muy confuso. Incluso, hay recuerdos que más me parecen sueños confusos que recuerdos, para ser sinceros. Y si me largo con fuerza a pensar en sucesos que hayan hecho mella en la memoria, por más que me esfuerce; no llego a 10. Es más (o menos, en tal caso) no creo que llegue ni a 5. Y es que desde hace algún tiempo, desde un hecho que me marcó sí de por vida; la medida de mi tiempo lo da cada día, cada mañana. O cuando termino de tomar mate. O después de almorzar. Y así. Si bien es inevitable realizar planes a futurocomo algún viaje— intento día a día, vivir el día a día. Así es como me digo yo que, entonces, por eso.....no recuerdo muchas escenas de la película que viví este año.


Claro que basta que uno empiece a escribir una entrada en su blog acerca de que no recuerda sucesos acontecidos durante el año; para que empiecen a venírseles a la cabeza varios. Y te detienes en alguno y ves que pasó hace largos meses. Ese recuerdo divide el año, y viajando en la memoria, puede que entre esas dos mitades logres encontrar algunos más. Y logres ordenarlos cronológicamente. Pero cuántos son?, cómo podemos recordar lo que nos pasó en un año?. Es imposible. Son pasajes, yo siempre cuando recuerdo, recuerdo todo fílmicamente. La memoria selecciona los mejores pasajes, entonces. Recopila. El método para seleccionar creo que es interesante: si el recuerdo reverbera de alguna manera en nuestra manera de sentir, y aún mejor; si ese recuerdo produce algun tipo de animosidad positiva, tal vez —paradójicamente—hacia el futuro; entonces permanece. O es al revés?. Si aquello que sentimos en el momento que nos pasó algo, o nos dijeron algo, o vimos algoen fin, el algo que se nos ocurra— hace que recordemos el momento. Es la misma memoria la memoria sensorial, si acaso existiera?. Como sea, me gusta la parte de la animosidad positiva.

Y ya casi que voy armando mi propio programa recopilatorio mientras sigo escribiendo y pensando en qué seguir escribiendo. O tal vez si me pusiera a escribir esos momentos del año que merecen estar en un top ten o top five, termine escribiendo un montón de hechos y sucesos que cuando los recordás no podés creer que te los hayas olvidado. La memoria como efecto dominó. Habría que probar, pero no tengo ganas. El otro día estábamos cenando en familia —ni siquiera era una fecha como para empezar a hacer balance— e hicimos un brindis porque sí, casi celebrando el hecho de estar juntos, fue espontáneo; y así sin más les dije: este año estuvo bueno. Fue un momento, que ahora recuerdo y será entonces el primer puesto del top ten (o five) si acaso lo escribiera; espontáneo también. Fue una sensación, como una certeza. Un sentimiento que te atrapa en determinado momento y sabes con todo lo que eres, que es cierto. Pero no tiene imágenes, pasajes fílmicos; no tiene momentos únicos, no tiene nada. O tiene todo, pero no se manifiesta de tal modo, se manifiesta como una sensación, y sentencias con nobleza: este año estuvo bueno.

Al final, tampoco la memoria juega un papel muy especial. Nos pasa tanto todos los días!, y a diferentes horas del día!...si recordáramos todo, estaríamos todos dementes. La mente es un músculo inteligente. Termina primando el momento, como el momento en que yo brindaba con mi familia cenando. Vivir día a día, plenamente, cada momento. Esta plenitud, esta conciencia de esta plenitud, hará tal vez que la memoria traduzca lo vivido en una animosidad positiva. Y eso siempre es algo bueno. 

Salud!


 

miércoles, 23 de diciembre de 2015

La Fuckin' Navidad

Es probable que este año, sea el último año que mi pequeño hijo sostenga viva la llama de la ilusión más pura que verdaderamente tiene la navidad, la figura inexorable de este muchacho Papá Noel. De hecho hizo la carta, y la dejó en el pino, y cuando la carta no estuvo más en el pino y su madre le dijo que seguro él mismo la pasó a buscar, se exaltó un poco. Hasta se barajó la posibilidad de que hayan sido duendes, caculá. Y es que durante sus útimos días de colegio, trajo el comentario de algunos de sus compañeros: algunos aducían que el tal Papá Noel......no existía. Lluvia de chanes!. Aunque no indagamos mucho. Luego de intercambiar algunas palabras, nos limitamos a preguntarle (su hermosa madre y yo, cada uno en su momento y no más que por cuestiones de horario, a solas), si él......., creía en él. Él simplemente, había elegido creer. Así tal cual me lo dijo a mí: —yo elijo creer, Papi. Bueno, le dije yo; y ahí nomás le aconsejé que pensara muy bien lo que debía pedirle, algo útil; y que no olvidara, obviamente, detallarlo en una carta. Luego, algunos días después, así lo hizo.

Yo recuerdo vagamente (o al menos así mi memoria ha decidido ir contándomelo a través de todos estos años, hasta convertirlo en recuerdo) cuándo dejé de creer. Fue una vez que Papá Noel me había traído una metralleta, che, una M16. Me pareció muy extraña la insistencia de todos porque abandonara la casa, con la implícita amenaza además de que si no lo hacía, el tal Papá Noel, no iba a pasar. (De todos modos, creo que tenía unos "ILH" para explotar, y unos "Triangulitos", y un par de "Metralletas"). Esta extrañeza se convirtió luego en una aguda sospecha acerca de su verdadera existencia al momento mismo de quitarle el envoltorio a la mencionada arma;......las caras de algunos de mis familiares......y yo —estos me están cachando (bueno, no en esas palabras justamente, pero la antiguedad del término le da cierta textura sonora al texto, ustedes entenderán). Creo que esa misma noche, hasta les seguí el juego, paradójicamente, para no romperles la ilusión a ellos allí en ese preciso momento.

Después pasaron vertiginosamente los años, como cuando ves una peli y te aparece una pantalla negra con unas letras que dicen: 15 Years Later. Para entonces, el teatro de la navidad era otro. Mi Viejo que se peleaba con mi Vieja y andaban así hasta las 12 que se abrazaban y se daban un piquito. A mi Viejo no le gustaba mucho el teatro de la navidad, aunque lo disimulaba bastante bien. Bardeaba, nomás, de bardero. Preguntaba qué se iba a poner. Mi Vieja le sacaba una camisa. Éste le decía que no le gustaba, y como mi Vieja andaba a full con la cocina y además todavía se tenía que bañar y sacarse los ruleros, 'maginate; se ponía de los pelos. Y si yo estaba viendo la secuencia —como ahora que escribo y me parece verlos de nuevo— hacía una cara pícara y dibujaba una sonrisa que no tenía sonido (porque si no, lo mataban). Toda esa efervescencia previa a la cena y el posterior brindis eran el verdadero corazón del entonces teatro de la navidad; el abrazo infinito después, el desfile de todos, uno por uno, regalándose abrazos, la escena final de la obra. Que siempre acababa en lágrimas en los ojos, mientras hacíamos el segundo brindis post-saludo-abrazo. Toda una manga de maricones bárbaros mi familia, en buenahora.

Es difícil en estos tiempos, que coinciden con los tiempos de una paciente madurez, lograr conectar con lo que alguna vez fuimos. Porque esa ilusión, ese frágil estado de inocencia, se rompe cuando sabés la posta de Papá Noel, algo hace crack, que ruido! crack-crack-crack, hasta astillar. Y es un momento delicado, porque los años van luego (trasca) endureciéndote poco a poco; y a veces, las familias también se rompen, crack! el hueso al final, nunca nada especial. Escapar de la sacralización del dinero, porque no hay Ibuprofeno que pueda hacer bajar la fiebre de consumo; es tan fácil confundir todo y perderse uno mismo......, te venden el espíritu navideño, y es más plástico que un tuper, vieja. Al final, no creo que se trate más que, como todo en la vida, de atesorar momentos: el momento en que leo la carta de Papá Noel, porque es ese el momento cuando yo mismo las escribía. El momento en que mi Viejo le daba un piquito a mi Vieja, porque después de todo, es el piquito que le doy a mi hermosa y bella mujer. El momento de mariconear con la familia, porque ese momento sigue siendo un momento, y es en los momentos donde reside el verdadero espíritu. Un beso. Un abrazo. Contemplar la inocencia. Dejarse llevar. Perdonarse un poco. No darse manija. Y disfrutar el momento, sea la fuckin' navidad o no.